Uno y Quizás Dos Enroques

Martha Chávez, garante de la democracia

 

Foto: laindustria.com

Sinesio López acuñó la metáfora del enroque para explicar lo inexplicable: que el APRA se corrió a la derecha y las FFAA se fueron a la izquierda. El intercambio de posiciones ocurrió de forma casi simultánea, entre 1956 y 1962. Así que la oposición se mantuvo.  Más de cincuenta años antes de la elección entre el cáncer y el sida, el APRA se aplicó una quimioterapia para  pasar a las filas de la legalidad democrática.

Foto: Life (1968)

 

Hoy, a dos días del affaire Martha Chávez, provoca sugerir otro tipo de enroque. Uno más político que económico. Porque el fujimorismo se ha erigido ya no solo como el defensor del modelo económico, sino también del sistema político, de los principios y rituales democráticos e incluso de la constitución vigente. Encarnado en Martha Chávez y la segunda bancada más grande del país, el fujimorismo se ha convertido en el verdadero garante de la democracia, denunciando la existencia de un presidente de facto y la inminencia de un golpe de estado. No hace falta ser marxista para entender que la historia en el Perú se repite siempre como farsa.

Pero la pregunta, entonces, se cae de madura. ¿Quién intercambió posiciones con el fujimorismo? ¿Qué agrupación ha sido expulsada de la clase política, convirtiéndose en outsider “de facto”? El propio fujimorismo ensaya una hipótesis. Algunos de sus más notorios líderes hablan de una era de persecuciones, aludiendo incluso al líder encerrado. No ha faltado un analista que –ante el parecido entre los resultados de las elecciones del 2006 y 2011- ha anunciado la existencia de un sólido norte naranja.

Esta teoría quizás sea injusta, sino ofensiva. Pero los cuatro apristas que flotan en el congreso no parecen tener el peso suficiente para descartarla del todo. Y si son ciertos los rumores de que Alan García regresará con un nuevo partido político, quizás estemos asistiendo a los funerales tan largamente anunciados del partido de la estrella. O quizás, como lo dice un extrañamente optimista Matos Mar, todos los partidos ya murieron y solo se arrastran por ahí, sin darse cuenta.

Carlos Cabanillas

Asedios a la FIL

Foto: evansheline.com

Aunque sea mesocrático, instalar la FIL en el Parque de los Próceres (Matamula) es poco funcional: el espacio no soporta una organización ni un recorrido más o menos natural para los stands, defecto acrecentado por la ausencia total de señalética. Y si bien el efecto romántico del laberinto invita a que uno se pierda en los meandros de la feria, no hay recovecos que descubrir ni sorpresas detrás de un giro inesperado, salvo se encuentre asombro en el puesto de folletos evangélicos, en el pasillo de países exóticos que utilizan el evento para la promoción turística (de su vasta literatura, ¿Israel no podría presentar al menos un libro, uno solo?) o en alguna otra rareza afín.

Empecemos por lo malo, por costumbre: el rasgo de esta FIL es su absoluta falta de atractivo plasmada en la pobreza literaria del país invitado, Venezuela, y en los pocos escritores de fuste que aceptaron venir. Tal vez sea un error descartar literariamente a un país entero, tal vez la muestra de representantes no fue la más feliz, tal vez, como se reclama en las redes sociales, se debió invitar a Yolanda Pantin. Lo cierto, ya en el puesto de la república bolivariana, es que cualquier expectativa sucumbe ante la máquina del tiempo chavista: un grupo de folclore insiste en el cancionero latinoamericano, los libros elegidos son reediciones de la Biblioteca Ayacucho de clásicos del socialismo regional, y la burocratización de los encargados es tal que, en ciertos casos, toma media hora que te den el precio de un libro. Empecinados en ser una caricatura de sí mismos, el izquierdismo molesta no por opción, sino por anacronía: como si el marxismo no fuera una plataforma desde la que se pueden dar otros saltos, sino un monolito viejo e intocable que, al menos en este, el país de Velasco, expira ese desagradable hedor a rancio que solo provoca olvidar.

El panorama después no mejora: las librerías y editoriales grandes muestran sus catálogos con ofertas que van desde ridículas a esforzadas (Íbero descuenta el 15% mientras que Océano el 35%), pero el lector avisado busca los saldos de ambas y llega al stand de Mercado Norandina, donde se reúne el stock a liquidar: entre títulos desechables y la obra completa de Puértolas, Aldecoa y Gopegui se encuentra, con suerte, alguna joya. El primer día era posible comprar varios Vila Matas a mitad de precio, incluyendo Bartleby y el Dietario Voluble; también, Los Desnudos y los Muertos de Mailer, para los completistas, y otras obras de interés como La Novela Rusa de Carrère. Antier, sólo quedaban Puértolas, Aldecoa y Gopegui… aunque también el Despertares de Sacks a S/. 40 y algo de Hertha Muller.

Del resto de stands es posible husmear La Casa del Libro Viejo con riesgo de ser asaltado por alguien que nunca entendió el sentido de la palabra “justiprecio”; luego El Aleph, donde convive en el anaquel de S/.7  un manual para hacer amigos de 1956 y alguna joya de literatura bélica. Un poco más allá, la verdadera razón para venir: la Librería Inestable. Esfuerzo de Carlos Carnero, Inestable posee un estupendo catálogo de poesía: inhallables de Eielson (me llevé la primera edición de ‘Reinos’) y Belli en versión La Rama Florida comparten exposición con títulos de Cabral de Melo Neto, Ferreira Gullar, Kozer, Olson, Rothenberg, Creely y una nutrida selección de peruanos donde brilla Victoria Guerrero con su flamante Berlín, el poemario más importante que se ha publicado este año. La oferta es amplia y a la vez selecta y se completa con revistas tipo Mandorla o Tsé-Tsé, donde se publican poemas de Gudding, por dar un ejemplo. Los precios son razonables: la primera edición de ‘El libro de Dios y de los húngaros’ de Cisneros se puede conseguir a S/. 60, mientras que en La Casa del Libro Viejo está S/. 90.

Luego, muy poco. El Salón del Comic merece una mención, así como los libros de Lánger que se encuentran en Contracultura. La exposición del ‘Chino’ Domínguez. En Océano está lo nuevo de Yushimito, que siempre vale la pena. De Estruendomudo es muy recomendable Death Metal de Álvaro Bisama, todo lo que publica Claudia Ulloa y las novedades de Santos-Febres y Neuman, al gusto del paseante; aunque Álvaro Lasso haya tenido más publicidad por lo comercial que por lo literario, decisión polémica pero respetable. Sin embargo, el sabor último es de decepción: para quien viene una y otra vez a la FIL la oferta se antoja repetitiva, cansina y descartable.

Después se trata de tener suerte, encontrarse con algún amigo y aprovechar Jesús María para caminar, pues mal que bien estamos en uno de los pocos distritos donde aún se puede practicar el sano arte de la conversación a pie.

Jerónimo Pimentel

La Dictadura en la Cabeza

O porqué Ollanta Humala es el verdadero fujimorismo sin Fujimori

Segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2011. En una esquina está Ollanta Humala, rodeado de intelectuales honestos, hojas de vida limpias y algunos personajes notables. Incluyendo al Premio Nobel de Literatura 2010. En la otra esquina está Keiko Fujimori, abrazando a la parte del equipo de su padre que no está en la cárcel. Algunos técnicos prestigiosos, pero discutibles. Varios prontuariados o, como dicen en filas fujimoristas, con experiencia de gobierno.

Por supuesto, eran solo percepciones. Ciertas o no, se presume que jugaron un papel importante en la decisión electoral. Al primero no se le creía a pesar de estar rodeado de gente prestigiosa. En la segunda sí se podía confiar, a pesar de que posaba junto a varios impresentables. La congresista Lourdes Alcorta lo resumió en una frase: no votaría por el líder del nacionalismo “aunque baje con Cristo de un brazo y con la virgen del otro”. Algo similar planteó el fujimorismo en las elecciones del 2000, cuando Montesinos era “el sucio” y Fujimori “el limpio”. En el 2011, Fujimori padre pasó a ocupar el lugar de su socio, mostrando a su hija como el rostro pulcro del equipo.

De esta manera, la elección de una administración del estado que implicaba aproximadamente doscientas personas -y miles de funcionarios- quedó reducida, en la mente de los electores, a una disyuntiva entre dos caudillos y lo que saliese de sus respectivos forros. Por ello la necesidad de buscar apoyo externo en avales o garantes de la democracia.

Esto podría explicarse a partir del sistema altamente presidencialista que vivimos desde 1992. A ello habría que sumarle la debilidad y el desprestigio que desde 1990 tiene el Poder Legislativo. En un escenario así, al menos en la cabeza de los electores, la elección del presidente decide todo lo demás. Y el primer ejemplo de ello fue Alberto Fujimori.

En la campaña de 1990, Fujimori encarnó la renovación política desde afuera y desde la izquierda. Fue el outsider que supo convocar a líderes de provincia, evangélicos y emprendedores. Se enfrentó al poder de la clase política tradicional que se había unido a los grandes capitales. Una vez arriba, se dio cuenta –mucho antes que PPK- que los partidos políticos apestaban, y de inmediato se unió a los poderes fácticos: la Iglesia, las FFAA y la clase empresarial. La heredera del fujimorismo no supo repetir la figura. Veinte años después, el fujimorismo ha sido asimilado al Acuerdo Nacional. Es ya un miembro privilegiado de la clase política tradicional y, en las últimas elecciones, fue más allá del Fredemo: convocó el apoyo del gastado gobierno aprista. El fujimorismo se institucionalizó y se alejó de esa entelequia llamada pueblo. Hasta creó escuela. Siguiendo sus pasos, el toledismo tuvo sus propios escándalos congresales y familiares, y el alanismo aprendió a gobernar con decretos supremos. Pero es Ollanta Humala quien parece ser el alumno más aventajado.

Él encarnó al outsider de izquierda, al caudillo capaz de revertir las injusticias sociales con la promesa de un mundo al revés. Convocó a miembros del primer gabinete de Fujimori (Fernando Sánchez Albavera, Santiago Roca) y, con un gran sentido de la oportunidad, está intentando jugar con todos los extremos, dividiendo para vencer. Encarna además, como pocos, a los dos grandes poderes tutelares del estado: las FFAA y la Iglesia. Los escándalos que vendrán solo quemarán a los fusibles. Congresistas, ministros, parientes y asesores. Mientras él se mantenga limpio –es decir, aparente serlo- el sistema presidencialista heredado del fujimorismo seguirá funcionando. Y su aprobación mantendrá mínimas cifras en azul, al menos en la percepción ciudadana.

“Die Mauer im Kopf” fue el término que los alemanes utilizaron para describir al muro en la cabeza de los ciudadanos. Más de veinte años después de la caída del Muro de Berlín, el concepto sigue vigente.

Carlos Cabanillas

“Lima me fascina porque está llena de cojudos”

Frases, lecturas y diabluras de Veguita, quien debió ser el invitado principal de la Feria del Libro.

Quien no lo conoce no ha saboreado un chilcano de pisco con una raja de rocoto. No se ha emborrachado conversando de literatura. Ni caminado entre balcones coloniales, aspirado el rico smog, ni ha escuchado la melodía del caos. El Perú no es Lima. Lima no es el Jirón Callao. El Jirón Callao no es el Sanguchito. Pero el Sanguchito sí es Veguita.  Eso y una biblioteca en la cabeza. El librero de viejo Jorge Vega tiene la palabra.

-Has formado y vendido varias bibliotecas sobre Lima. ¿Cuándo nace tu fascinación por esta ciudad?

-En el año 1935. Cuando nací.

-¿Qué es lo que más te atrae de tanta fealdad?

-La cantidad de cojudos que produce. Gracias a ello, uno puede vivir alegremente.

-Siempre estás soltando frases.

-Me fascina Wilde. Es uno de los grandes. Pero para mí el primero es el Marqués de La Rochefoucauld. Es una maravilla. Voltaire dijo que si alguien había ayudado a formar el espíritu francés ese había sido Rochefoucauld. Escucha: “no hay mujer honrada que en el fondo no envidie a la que no lo es”. Otra: “La vejez es un villano que bajo pena de muerte nos impide los excesos de la juventud”. Me gusta su capacidad reflexiva, irónica y su perversidad verbal.

-¿Te consideras perverso?

-Solo en la medida que me lo permiten. A mucha gente le encanta mantener relaciones sadomasoquistas.

-¿Qué otro autor te interesa?

-Bernard Shaw. Una vez una actriz bellísima le dijo: “me encantaría tener un hijo con usted para que tenga mi belleza y su inteligencia”. A lo que Shaw respondió: “¿y si sale al revés?”.  Churchill también era increíble. En el parlamento una mujer se pone de pie y le dice: “si usted fuera mi marido yo le daría veneno en el desayuno”. Churchill le responde: “señora, si usted fuera mi esposa yo no dudaría en tomármelo”.

– ¿Y en el Perú quién? ¿Valdelomar?

-Fue un genio: “no es lo mismo un griego desnudo que un cholo calato”. Lamentablemente murió joven. El más grande fraseólogo que tenemos aquí es Julio Ramón Ribeyro. Yo lo admiro en esa faceta porque como cuentista me parece malo y como novelista pésimo. En sus “Diarios” y en “Los dichos de Luder” recoge la vieja escuela francesa. Ribeyro soñó con ser un escritor y termino siendo un fraseólogo.

-Estás desplumando a los gallinazos.

– En un país que no tiene cuentistas, cualquiera vale. Es un cuento que escribía cuentos.

-¿Qué características debe tener un gran relato?

– El encanto del idioma. Ribeyro no tenía belleza verbal.

-¿Y la novela?

-Abarca infinidad de posibilidades. No es lo mismo “El Proceso” que “El Quijote” pero las dos son dos grandes novelas.  Una gran definición es la de Cervantes cuando habla del Tirante el Blanco: “dádmela acá compadre que creo haber hallado en ella una mina de contentos y un tesoro de pasatiempos”.

-¿Qué opinas de Vargas Llosa?

-Es un buen obrero. Jamás llegará a ser arquitecto. Creo que compran sus libros más por fama y costumbre que por la necesidad de leerlo. Sin embargo, hay que decir que es magnífico como ensayista.

-¿Existe algún buen novelista peruano?

-Lo están por parir. Espero que lo hagan pronto. Pero no debo hablar mal de los escritores peruanos porque yo he logrado lo que ellos no: vivir de sus libros.

-¿Poesía?

-Me interesan Martín Adán, Vallejo, Eguren. La gran cantidad de hojarasca permite el abono para que crezcan grandes plantas. La poesía es una mujer lenta. Muchos corren tras ella para alcanzarla. Son muy pocos.

-¿Varela?

Tiene un manejo muy severo del idioma y lo hace con gran maestría.

-¿Eielson?

-Menor, me parece.

-¿Antonio Cisneros?

-Un gran cocinero.

-¿Fernando Ampuero?

-Es un gran amigo mío. He preferido quedarme con su amistad y no con sus libros.

-¿Hay algún escritor peruano que te guste?

-Héctor Velarde. Tiene un humor filosófico increíble. Además fue un gran arquitecto. Con ciertas maldades, por cierto. La clase media ascendente, que había amasado fortunas, le mandó a hacer grandes mansiones en San Isidro. Velarde les preguntaba: ¿quieren que les ponga un escudo nobiliario? Sí, claro, le respondían. Y él les ponía un escudo de bastardía.

-¿Ese clasismo para arriba y para abajo sigue vigente?

-Lima siempre fue clasista y racista. Yo me acuerdo que la música folclórica solo se podía tocar en  El Agustino, detrás del Hospital Bravo Chico. Después se trasladó a 28 de julio, después a la Avenida Colonial. De pronto los fabricantes de discos descubrieron que era lo que más se vendía. Vieron el gran negocio. Y todo lo que es plata implica el abandono de algunos viejos preceptos morales.

-¿Eres racista?

-Yo soy limeño. Me educaron bajo ciertos lineamientos racistas y con los años fui comprendiendo que eran estupideces. El ser humano vale por su valor en sí.

-¿Y ese valor en sí cómo se mide?

-A través del trato, del diálogo, del comportamiento.  De las aptitudes y de la honestidad.

-¿Cómo te valoras a ti mismo?

-Si lo hiciera, no me hablaría.

-¿El humor es una defensa?

-Sí. Y defensa es lo que le falta a la selección.

-¿Te gusta el fútbol, vas al Estadio?

-No, no, no. Yo fui periodista deportivo y comprendí muy temprano que los clubs son solo empresas comerciales que explotan una cantidad de jóvenes durante un tiempo y cuando les dejan de servir los botan a la basura. Los hacen firmar un contrato y luego los someten. Y nadie lucha por el derecho del futbolista como ser individual. La ignorancia de nuestros derechos nos hace cada vez más esclavos.

-¿Por defender tus derechos abandonaste el trabajo?

-Uno de los errores más bellos de mi vida fue ser periodista. No era una carrera para mí. No me gustan los horarios. Quien es dueño de su libertad y la ama no puede tener un horario. Detesto tener un trabajo.

-¿Por qué?

-Por principios éticos. Un hombre no debe trabajar. La vida debe ser una diversión y una alegría. El trabajo te comprime y te limita. “Cómo será de malo el trabajo que te pagan por hacerlo”. Otra: “Me encanta el trabajo. Pasaría horas de horas viendo cómo lo hacen”. Cuando fui periodista tenía la concha de escribir una carilla al día y que me pagaran por ella. Con el carnet me divertía todas las noches.

-¿Por qué se ha perdido esa afición por los burdeles?

-En Lima faltaban los locales sociales y el burdel cubría ese espacio. No era una comida al paso, como ahora. No tenías necesidad de estar con una mujer. Ibas a conversar con amigos, tomabas, llamabas a una mujer, le invitabas algo, bailabas un rato con ella y si querías llegar a un acuerdo, lo hacías.

-¿Era hambre de conversación?

-Y de buen licor.

-¿Cuál es tu trago?

-Ha sido durante años el Sol y Sombra. Porque era la manera elegante y casi casta de tomar. Además era la ruptura contra el racismo. La guinda morena y el pisco blanco.

-¿Por qué te gustan las morenas?

-Lo explica El Cantar de los Cantares: la Sulamita era morena porque el sol la había mirado. Es el mejor piropo que hay en la Biblia. Siempre me han fascinado: dadme una negra y levantaré el mundo –dice levantando su puño.

-¿Por algo más?

-Tienen un gran talento para hacer la vida agradable. Pueden convertir todo en una sonrisa y en una fiesta.

-¿El mar, La Herradura?

-Era una catarsis. Una manera de botar los excesos tóxicos.

-¿Alguna vez te has drogado?

-Nunca. Todo lo que te puede dar lo tienes dentro, en tu imaginación

-¿Cuál era tu rutina en la playa?

-Fulbito, paletas, carreras, natación. He cometido la torpeza de salvar algunas vidas. Me arrepiento.

-¿Qué opinas de La Herradura ahora?

-Ha padecido el gobierno de alcaldes sin ninguna inteligencia y con viles intereses. Fue la mejor playa de Lima. Nace el 17 de octubre 1907, cuando se inaugura el tranvía que ingresa a La Herradura. Que era el único ingreso porque no tenía pista. La primera pista la comienza a hacer Leguía y la termina Benavides. La compañía de tranvías duró un año porque quebró. Pero el ingreso quedó para carros y personas.

-¿Cómo ejercitas la memoria?

-No lo hago. Es natural. Lo que estoy padeciendo en estos momentos es una especie del Alzheimer: me olvido de lo que debo.

-¿Has escrito poemas?

-Algunos versos escritos con rigor castellano. A la vieja usanza de mis maestros: Góngora, Quevedo y Lope.

-¿Qué te ha dado la lectura?

-Ciertas justificaciones de la vida. Me ha permitido conocer mejor la mediocridad de la gente y la mía propia.

-Siempre juegas con la mariconería de los demás. ¿Alguna vez te has acostado con un hombre?

-No. Jamás. Aunque tengo una frase: me gustan los hombres porque son más estrechos, no salen embarazados y encima dan plata.

– ¿Por qué ya no visitas las redacciones con tu arsenal de libros?

-Bueno, en principio voy a enjuiciar a la astrología. Me habían dicho que era sagitario y ahora resulta que estoy bajo el signo de cáncer.

-¿Hace cuánto estás en tratamiento?

-Lo han descubierto hace poco en mi ojo derecho. Estoy pasando diversos exámenes en Neoplásicas para ver cuándo me operan.

-Quiénes te quieren ayudar, ¿qué pueden hacer?

-Regalarme un ojo.

-¿Tienes un teléfono que se pueda hacer público?

-El 4726433. Algunos me ayudarán y otros me mentarán la madre. Pero todo será aceptado con buen corazón. (Juan Carlos Méndez)

Iván, el terrible

Foto: Milagros Ojeda

Autor: Iván Thays.
Libro: Un sueño fugaz. Anagrama, 2011.
Relación con el autor: ninguna.

Bajo el título de Un sueño fugaz, Iván Thays ha adaptado a una estructura alternativa los cuentos que formaban parte de la novela La disciplina de la vanidad. La relectura de estos textos permite hacer una valoración de lo mejor y lo peor de la obra de este autor, quien casi veinte años después de su interesante Las fotografías de Frances Farmer no ha logrado consolidarse como un escritor de valía, a pesar de las cuatro novelas que ha publicado hasta la fecha y de haber sido favorecido con algunos premios y menciones en concursos internacionales. La revisión de los relatos de Un sueño fugaz puede explicarnos de alguna manera las razones de esta situación.
Mientras leía esta última entrega de Thays (con un penoso esfuerzo que nunca se vio recompensado) divagaba sobre las coincidencias entre su obra y la de Armando Robles Godoy. Perdón: de lo más fallido de la obra de Robles Godoy (esto es, buena parte de Espejismo, casi toda Sonata soledad e Imposible amor). La primera es que al igual que los personajes de esas películas, los de Thays son, a lo largo de todos sus libros, una suerte de zombis, de emisores deshumanizados que se limitan a pronunciar frases supuestamente densas, ingeniosas y poéticas que suenan falsas y hasta ridículas en sus labios (“La polución nocturna es pésima consejera literaria”; “¿Pero qué es lo que pienso yo del amor? Oh, nada, nada, no es la gran cosa”, etc.), vicio que congela toda emoción y vuelve inverosímiles las situaciones que Thays plantea en sus, digamos, historias.
Estos autómatas, además, son arquetipos que viajan de libro en libro con distintos nombres y afeites. Por ejemplo, los escritores que protagonizan los dos últimos libros de Thays son son seres atormentados por la pérdida de un hijo (caso del narrador de Un sueño fugaz y el de Un lugar llamado Oreja de Perro) que aprovechan su dolor para llenarnos de observaciones insustanciales y pedestres, así como de alguna cita literaria que suele ser un pretexto para encubrir una crónica incapacidad de redondear una incursión aunque sea epidérmica por los laberintos de la condición humana.
En todas las novelas de Thays estas reiteraciones, fórmulas y esbozos de algo que pudieron ser historias propiamente dichas intentan ser disimulados por la priorización de un lenguaje elegante, por momentos bastante logrado y que busca otorgarle a sus libros la profundidad que sus triviales argumentos no pueden conceder. Lo que sucede es que las ficciones de Thays padecen del síndrome de Espejismo: al igual que Robles Godoy en esa cinta, Thays exhibe su solvencia narrativa, su apreciable capacidad descriptiva y cierta habilidad para metaforizar las situaciones planteadas, pero sin tener un real motivo para hacerlo. Así todo el mundo narrativo thaysiano termina resultando escenográfico y artificial; si añadimos a estas limitaciones la constante y muchas veces gratuita inclusión de citas y personajes literarios, la impresión final es que no solo estamos frente a un autor que no tiene nada importante que decirnos, sino que al intentar hacerlo cae en una antipática pretensión que anula cualquier sincero acercamiento con el lector.
A eso se reduce, pues, la obra de Iván Thays hasta hoy. Un conglomerado de fantasmas al margen del tiempo y de la vida, una fría dimensión cadavérica producida por las represiones artísticas de su creador. Y en todo eso también hay semejanzas con lo menos importante de la obra de Robles Godoy. Pero la gran diferencia entre ambos, hay que decirlo, es que Thays aun no ha escrito su Muralla verde ni su En la selva no hay estrellas, y nada indica que esté cerca de elaborar la obra consagratoria que hace dos décadas sus lectores esperan de él. (José Carlos Yrigoyen)*

*Esto fue escrito después de leer el comentario de Emilio Bustamante sobre la obra de Armando Robles Godoy, incluido en un diccionario de directores peruanos publicado en el segundo número de la revista La gran ilusión.

Perú + Uruguay + fútbol + NMM = segunda parte

Crédito: larevista.aqpsoluciones.com


– ¿Con las semifinales se puede decir “tarea cumplida”?
– No les podemos exigir más.
– Eso no es lo que dijo Obdulio Varela antes de enfrentar a Brasil. Dijo: solo cumplimos si somos campeones.
– Sí, es cierto, pero recordemos que ese Uruguay ya era campeón. Nosotros estamos en camino a ir a un Mundial, son situaciones distintas.
– O sea, tú crees que si pierden los reciben con flores en el aeropuerto igual.
– Sí, pase lo que pase, excepto que se coman otro seis a cero, van a tener un recibimiento apoteósico.
– ¿Cuál es la teoría más rara que has escuchado sobre este desempeño? La mía es que Perú sale campeón de la Copa América cada 36 años: 1939, 1975, 2011…
– Optimista y exacta.
– ¿Por qué crees que tenemos esa tendencia a explicar el éxito desde la magia o la cábala, cuando lo que ha habido es trabajo?
– Lo que yo creo que es que Markarián encontró la única forma en la que puede ganar este equipo peruano: ratoneando. Así triunfó el Cienciano del 2003, así jugaban los ‘jotitas’ y así venció la sub 20 de la ‘U’, campeón de la Libertadores
– ¿En los 80 no ratoneábamos?
– Lo que parece es que el ratoneo es lo opuesto a la forma en la que construimos nuestra identidad futbolística.
– El peruano quería una selección que juegue como en los 70 u 80 y eso no es posible.
– Pero yo no he escuchado a nadie quejarse en Perú de cómo juega Markarián. Los que se quejan son los que pierden: Borghi, ‘Bolillo’, etc.
– Tenemos que darnos cuenta que después de los últimos 10 años de la selección peruana, los 10 peores de nuestra historia, hay un momento en que se ha abandonado a fuerza esa idea, y hay un consenso en lo que Markarián propone.
– Yo creo que hay un consenso en que, con las lesiones, en proceso que inicia, bueno, jugar es así es lo que te queda. ¿Pero qué va a pasar cuando Perú juegue de local en Eliminatorias contra Chile? ¿Vas a salir a ratonear?
– Markarián va a jugar así de visita. De local, va a tener que ser más ofensivo.
– ¿Y ahora? ¿Va a ser una repetición del partido de primera vuelta? Los dos equipos están cansados, pero Forlán y Suárez ya están en pleno rodaje. ¿Cómo la ves?
– Yo veo en Forlán a un buen jugador, pero un jugador en declive respecto al mundial de Sudáfrica. Es cierto que es muy difícil mantener ese nivel tanto tiempo. Creo que Uruguay llega menos fuerte que en el primer partido. Llega debilitado físicamente, con menos jugadores, y sabiendo que se enfrenta a un equipo más competitivo. No va a ser un partido tan abierto como el primero. Va a ser más cerrado.
– Yo veo una clara ventaja para Uruguay en un punto: ellos saben jugar en estas instancias, y nosotros no estamos acostumbrados. Tenemos envión anímico, pero ellos también: vienen de eliminar a Argentina de local. Tienen la mejor columna vertebral de la Copa: arquero, Muslera; central, Lugano; ‘6’, Arévalo Ríos; y delantero, Forlán.
– Nosotros tenemos a Fernández con una fe enorme…
– ¿Debería seguir usando la camiseta verde Quiroga? Recuerda lo que le pasó a Quiroga después de ese partido: se comió 6.
– Todo lo que es mística ayuda al jugador peruano.
– ¡Qué folclórico!
– Somos folclóricos. Vivimos de eso. Nos gusta. A mí no me gustó Rodríguez el partido pasado.
– Eres el único.
– Esos dos errores de Rodríguez contra Uruguay son gol.
– ¿Acasiete o Ramos?
– Me gustó Ramos, pero sigue siendo el suplente de Acasiete. Lo bueno es que hay recambio.
– ¿Balbín?
– Una de las revelaciones de la Copa, mejor que Ballón, quien está sobrevalorado. ¿Cruzado, Lobatón o Guevara?
– Cruzado estuvo irregular contra Colombia, pero yo creo Cruzado le da balance al equipo, es como un ‘5’ ancla, recupera y reparte, es un centro de gravedad. Lobatón es un mixto más alegre, pero se cansa. Solo puede jugar 30 minutos. Y Guevara es más un lanzador, no es un jugador de gambeta y desborde, sino que se la das y te puede hacer un pase de 40 metros… como no.
– No vuelve al Boys.
– No, acá hay muchos que se han preciado: Ramos, Revoredo, Balbín, ‘Toñito’ González, Cruzado, Chiroque.
– ¿Cuál es tu pronóstico?
– Creo que Perú va a jugar con el 4-1-4-1, tal cual hemos visto: primer tiempo a presionar arriba, cerrar espacios, anticipar; y el segundo esperar atrás para buscar la contra por la izquierda, con Vargas y Guerrero. Creo que la clave va estar en cómo se cierran los laterales a las subidas de Pereyra y Suárez, que van a abrir el campo. Por el medio lo veo difícil, pero en la pelota detenida Uruguay puede hacer mucho daño: ganan todas. ¿Viste lo de Farfán?
– ¿Tú crees que al grupo no le llega al pincho? La mística es espartana y él es Baco.
– Pero es necesario: Markarián le consiente todo. Perú no puede prescindir de él así como Irlanda del Norte no podía dejar de convocar a George Best porque era borracho.
– Vayamos más allá. ¿Perú puede ser Grecia? Piensa en la Eurocopa 2004
– El símil es válido. Guerrero es nuestro Charisteas.
– Grecia campeonó ratoneando. ¿La ves?
– Sí, Perú puede campeonar. No hay rivales imposibles ni obstáculos impasables.
– Si ganamos sería la tercer Copa y en el podio histórico solo estaríamos debajo de Uruguay, Argentina y Brasil. Igual, es un paisaje falso.
– El verdadero paisaje son las Eliminatorias. Colombia ganó el 2001 y no clasificó al 2002. Grecia ganó la del 2004 y no clasificó al mundial siguiente. Paraguay no gana una Copa América desde el 79 y ha ido a los 4 últimos mundiales.

Perú + Colombia + fútbol + NMM =

Foto: arkivperu.com

– Colombia, país amante del béisbol, ¿hasta cuando?
– En primer lugar hay que decir que quienes les enseñamos a jugar fútbol a los colombianos fuimos nosotros. Es cierto que en los 50 tenían la liga más cara de Sudamérica, repleta de jugadores argentinos y paraguayos, como Pipo Rossi
– ¿No jugó Di Stéfano?
– Sí, en Millonarios.
– ¿Entonces de dónde viene el mito de que acabas de repetir, que nosotros les enseñamos a jugar?
– Colombia, hasta principios de los ochenta, era una selección de segundo orden.
– Pero ya habían hecho el 4 a 4 con la Unión Soviética. La famosa anécdota del CCCP: “Con Colombia Casi Perdemos”.
– En ese partido el colombiano Coll le hace un gol olímpico a Yashin, su mayor humillación en un mundial, quizá la mayor de su carrera. Pero también es cierto que era una selección con la autoestima baja.
– Repentista.
– No habían logrado mucho hasta Chile 62, y luego el subcampeonato en la Copa América 75, que nosotros ganamos. También fueron a la olimpiada de Munich del 72 donde destacó el primer jugador colombiano serio: un negrito chato llamado Willington Ortiz. Hay que recordar que Colombia, antes que nosotros, le ganó a Uruguay en el Centenario, pero no fueron a Alemania 74 por diferencia de goles. Todos los goles de Colombia en esa Eliminatoria los metió Willington Ortiz.
– Pero igual, la mitología local se ha construido de tal forma que creemos que el fútbol cafetero empezó cuando Cueto, Malásquez, Velásquez y hasta el ‘Tanque’ La Rosa les enseñaron a patear el balón, esto último, improbable.
– Sentaron una escuela.
– ¿Por qué? ¿Porque nos gustaría creer que la selección colombiana del 90 es la hija putativa del Perú del 70?
– Algo de eso hay, basta mirar los partidos de la Eliminatoria del 81, los colombianos tenían un juego sin gracia, apelando a una fuerza que no tenían…
– Como Chile antes de Bielsa.
– O como México hasta hoy.
– O sea, la evolución peruana fue colombiana. Mientras Perú buscaba respuestas en la escuela yugoeslava y brasileña, Colombia encontraba una identidad en nuestro legado. Ahora, ¿todo no cambia para Colombia con el 5 a 0 a Argentina? ¿No es más importante ese 5 a 0 que lo que hicieron en el mundial del 90, incluyendo es 1 a 1 con Alemania?
– Ese partido es la cumbre de un ciclo del fútbol colombiano. Pero bien mirado es una desgracia para Colombia: si el pico hubiera llegado un año antes hacían historia.
– Pero siguen los paralelismos, ¿esa explicación tan peruana no te recuerda a la de España 82 y la gira de los tres continentes?
– Una vez un amigo me dijo algo cierto: Tim expuso demasiado al equipo. Cuando llegó a España todos sabían cómo jugarle.
– Bueno, hay otras teorías que tienen que ver con los ciclos de rendimiento. A partir de un punto hay un declive. Lo que hacen los equipos grandes es evitarlo a través del recambio.
– Quizás también sucede que nos hemos tomado muy en serio esos amistosos. Una  vez un reportero le preguntó a Platini por la victoria peruana en el Parque de los Príncipes. Platini le respondió: “solo era un amistoso”.
– Sin embargo, yo rescato dos cosas: la amplia superioridad psicológica colombiana sobre los argentinos a partir de esa debacle, dominio que se ratificó con el 3 a 0 en la Copa América de 1999. Y también una tara: la necesidad de jugar con ‘10’. ¿Cuántos ‘Valderramas’ van a nacer en Colombia? ¿Un equipo se puede dar el lujo de jugar tantos años con Giovanni Hernández libre de toda función táctica?
– Entre Giovanni Hernández y Valderrama hay la misma distancia que separa a Cubillas del ‘Chorri’.
– Ninguno fue a un mundial. Pero ¿cómo nos ha ido últimamente con ellos?
– Hace mucho que no le ganamos a Colombia. La última vez fue en el 2001, para las Eliminatorias al 2002. Gol de Solano apenas empezado el segundo tiempo.
– ¿Pero si hace 10 años que no les ganamos cómo se explica la felicidad local porque nos toca la llave con ellos?
– Porque los sentimos menos fuertes que a Brasil, Argentina o Paraguay.
– ¿Será porque la estadística general es pareja? ¿Será que no tenemos un complejo de inferioridad con los colombianos porque creemos que les enseñamos a jugar?
– Sí, es nuestra frontera. Históricamente están abajo Bolivia, Ecuador y Venezuela. Arriba, los demás. Al medio, Perú y Colombia.
– ¿Y en esta Copa América, cómo la ves?
– Colombia está en decadencia desde 1998.
– Pero ganaron la Copa América del 2001.
– Ese torneo fue un chiste: no fue Argentina, se llenó la nómina con países centroamericanos, y todas las demás selecciones llevaron equipos B. Pero a partir de 1998 no tienen recambio generacional; les pasa lo mismo que a Perú en el 86: no hay con qué.
– Es lo que le está pasando a Ecuador ahora.
– Esa generación del 2002 está exprimida. Te apuesto que esta Eliminatoria les va peor.
– Pero Colombia tiene a Radamael Falcao García. Y a Rodallega.
– Que tiene el síndrome de Pizarro, con la selección no anota.
– Tienen un buen ‘5’, Guarín.
– Es verdad, pero es una selección incompleta: después de Córdoba Colombia no tiene arquero y siguen viviendo de Yepes de central, que no llega a Brasil 2014 ni con andador…
– Tienen un buen lateral también, Camilo Zúñiga.
– Que es intermitente.
– ¿Y Perú?
– Guerrero, que se va a matar; Guevara, entonado; a Rinaldo Cruzado parece que comer asado argentino lo cambia; y Vargas, que va a destrozar esa defensa como si fuera un mono con metralleta.
– ¿Tu pronóstico?
– 1 a 1 en los 90 y ganamos en el suplementario.

Jerónimo Pimentel                            José Carlos Yrigoyen