Un Día Sin Prensa

O cómo se suicida una élite informada que exige solo “buenas noticias”.

La caída.

La propuesta es simple. No leer diarios. No ver televisión. No escuchar la radio. Al menos por un día: el domingo 30 de octubre. El detonante ha sido el caso Ciro y sus innegables excesos mediáticos. Es parte de lo que estos indignados llaman “noticias absurdas”. Es decir, los más recientes episodios de la crónica roja nacional.

Una mirada a los comentarios basta para ver que algunas palabras se repiten. “Piojosos”, “morbo”, “lucro”, “basura”, “carroñeros”. También hay ideas comunes. Que el domingo solo deberán usarse las redes sociales, porque allí no hay lucro ni morbo. Que todos los medios son corruptos. Que en internet no hay delitos ni excesos. Es como oír hablar a Eloy Yong y Celia Anicama. Él dice que los periodistas son “piojosos”. Ella dice que no es delincuente porque su canal sale por internet.

Es fácil pasar de la indignación a la estupidez. Lo que empezó como una protesta legítima ha terminado como una rabieta desproporcionada. El caso Ciro les produce arcadas. Para ellos, solo algunos merecen ser llorados en público. Ciro no ha hecho méritos para ser un mártir, dicen. Los indignados se dicen laicos, pero exigen milagros para justificar el multitudinario traslado del cadáver en olor a santidad. Como si el santoral informal respondiera a estándares meritocráticos. Piden noticias importantes, pero están dispuestos a cambiar a Ciro por la historia de cómo una raza de reptiles nos gobiernan. No quieren ver la foto de Gaddafi ni la de Michael Jackson. Tampoco los múltiples cuerpos publicados en la historia de la prensa internacional. No quieren que se llore a cualquier hijo de vecino. Quieren abrir un periódico sin cadáveres ni tragedias. Quieren leer solo buenas noticias. Temas optimistas y positivos. “Hagamos solo revistas de cocina y música”, propone una de las organizadoras.

Juan Carlos Méndez, de NMM, invita educadamente a todos los indignados a ver la muestra por los 40 años del grupo Yuyachkani en la Casa O’Higgins.

Así se suicida la élite informada del país. Cerrando los ojos voluntariamente, tirando la toalla del pensamiento crítico y haciendo muecas de asco ante la “exagerada” compasión de la gente. ¿No se trató de eso la segunda vuelta electoral? ¿De no ser indiferentes ante la muerte del otro, sea quien sea? Fue esa “prensa carroñera” la que investigó casos como el de Barrios Altos y La Cantuta. Pero claro, Ciro Castillo Rojo no fue Steve Jobs. No hizo méritos para ser llorado en Twitter.

Pensándolo bien, ¿por qué solo un día sin prensa? ¿Por qué no mejor otro ochenio? Habrá que enviarle un tweet a Humala y a Nadine, a ver qué piensan al respecto.

Carlos Cabanillas

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Sin Miedo a la Maldad

Apologético en favor de “Las Malas Intenciones”.

Lo más interesante de “Las Malas Intenciones” es que la directora Rosario García-Montero nunca se arrepiente.

Listar las dificultades de hacer cine (guión, producción, locaciones, actores, financiación, distribución y más) suelen ser la mejor excusa para no arriesgar. Para ceder. Al miedo ajeno y al propio. Para refugiarse en la seguridad de las buenas intenciones.

Se puede decir que el ímpetu y la osadía que exuda la película protagonizada por la impresionante Fátima Buntinx es propio de los debutantes. Cuando precisamente es al revés: la lista de primerizos que arrugan y se mojan los pantalones ante el primer estate quieto es tan larga que aburre.

No.

Felizmente no es el caso.

Explorar y transgredir. Requisitos indispensables para que una ficción tenga voz propia. Y la primera película de García-Montero canta a su manera. Como debe ser.

Tocando temas y tópicos característicos de la filmografía nacional (el terrorismo, la década del 80, los conflictos sociales y raciales), la cinta adquiere particularidad porque no le tiene miedo a lo onírico, ni a la imaginación, ni al humor negro. No le tiene miedo a la maldad. Lo que quiere decir que no le teme al cine peruano. Lo que es bastante.

A pesar de esos méritos, la película ha sido noticia en el Perú porque el mercado traga sin saborear. Y el que no siente tampoco piensa. Que la programen a las 4 de la tarde describe con exactitud el lugar del cine en los multicines.

El Ministerio de Cultura reaccionó. Y anunció una ley que, entre otras cosas, recuperará la dignidad para las películas nacionales al momento de ser exhibidas.

Y ya que están en eso, deberían lograr que los cortos peruanos vuelvan a la pantalla grande. Aunque sea solo para joder.

Juan Carlos Méndez.

Guía Súmmum de la Corrupción

Y un breve repaso histórico al darwinismo culinario peruano

Sibarita Omar Chehade. Foto: La República

La ruta del sabor tendría que incluir algunas paradas de rigor. Primero, la Costanera 700 de Humberto Sato, un favorito del ex presidente que popularizó la yuca y el bacalao. De las reparadoras facultades de su chita a la sal puede dar fe el ex desahuciado José Enrique Crousillat. Pero antes, un sabroso entremés: unas conchas negras para sacarle punta al lápiz en el restaurante chiclayano Fiesta. Ya hablamos de él en un post anterior, pero el clásico cebiche caliente en el salón Mantilla amerita repetir el plato. El tour no puede seguir sin una infaltable visita a La Bonbonniere de San Isidro. Hasta Alberto Quimper se dio una escapada de su casa en Miraflores con tal de probar uno de sus célebres bizcochos. Y de paso ir al baño. Finalmente, Brujas de Cachiche. Cebiche todos los días del año y sours de todo calibre. Donde nadie puede quedarse solo y sin mesa, a decir de Omar Chehade, protagonista de un peculiar entripado culinario.

Por supuesto, la ruta está incompleta y trasciende al comepollo o al comeazúcar (¿la multiplicación de los panes de Canaán fue en el Perroquet o en el bar inglés?). Luego de leer el libro La Academia en la Olla. Reflexiones sobre la comida criolla (USMP, 1995), está claro que el fenómeno es de larga data. ¿De cuando Odría ganó las elecciones repartiendo azúcar, pan y frejoles en la barriada, como recuerda Antonio Cisneros? Antes. Incluso más allá de Felipe Adán Mejía, Rosita Ríos y Manuel Atanasio Fuentes. Más o menos de cuando la iconografía Moche demostró cómo una cultura sensualizaba a la otra a través de potajes. Allí están los huacos que representan uñas de cangrejo y escargots. Langosta, cangrejo, calamar, corvina, lenguado, pulpo, conchas negras, pez espada, lobos marinos, taruca, sajino. Todo con tal de no ser exterminado.

Porque ésa es una de las conclusiones del libro: que nuestro celebrado mestizaje no es más que una darwiniana adaptación a las circunstancias. Una lección de acomodamiento a partir de lo que hay. Una seguidilla de banquetes para congraciarse con el de arriba. Los indios con el Inca (maíz, papa), los incas con los conquistadores (llamas cargando alforjas repletas), los peruanos con los chilenos (vino). Siempre hubo holganza de comida en las casas solariegas.

De cuando en cuando había comilonas en la casa cuzqueña del padre de Garcilaso de la Vega, el conquistador homónimo y padre del mestizo. El que recibía a Pizarro y Carbajal con las manos llenas. Esta es una historia de sobrevivencia a partir de las sobras y de arte hecho del desperdicio. El tacu tacu, los anticuchos de corazón. Es el relato de ese pueblo borracho a punta de cañazo que divisó Darwin en 1850.

Pero, sobre todo, es la constante certeza, repetida una y otra vez, de que el milagro de San Martín de Porres es laico. Porque si algo sabe hacer el peruano es dividirse. Pero, a la hora del bitute, todos almuerzan tranquilamente de un mismo plato. Perro, pericote y gato. Porque como dijo el héroe Quiñones, los peruanos tenemos derecho a comer rico.

Carlos Cabanillas

Censura 2.0

Cómo una dictadura utiliza redes sociales. Una lección de Evgeny Morozov.

Hugo Chávez ante internet, según http://www.ishr.org

La primera duda es la obvia. ¿acaso es posible controlar a todos los usuarios de internet? La pregunta es retórica, por supuesto.

En primer lugar, porque nadie dice que sea necesario controlar a todos los cientos de miles de pseudónimos en Twitter o Facebook. En segundo lugar, porque la pregunta presume que algún agente externo tendría que controlarlos. Y en tercer lugar, porque no se trata necesariamente de controlar sino de distraer.


Estos y otros apuntes son desarrollados por Evgeny Morozov en su estupendo libro The net delusion. The dark side of internet freedom (PublicAffairs, 2011). Antes de seguir, una advertencia. Si el lector en potencia busca un alegato primermundista sobre el e-government o un panegírico sobre el @gora ateniense, éste no es su libro. Morozov es de Bielorrusia, así que algo sabe de dictaduras. El libro empieza con ejemplos de la Guerra Fría, pero también trata los casos más recientes de China, Irán, Cuba, Afganistán y Venezuela.


El autor desnuda una falacia muchas veces repetida: que los dictadores le temen a la tecnología. Que los regímenes autoritarios no saben convivir con las redes sociales y los blogs. Y que, finalmente, la abundante información es un antídoto para contrarrestar dictaduras y autocracias. El mito tiene una variante local: que el vladivideo y la Marcha de los Cuatro Suyos bastaron para tumbarse al régimen de Fujimori y Montesinos.


Para refutar estos lugares comunes, el autor recurre a un viejo conocido de la última campaña electoral: Steven Levitsky y su concepto de autoritarismo competitivo. Una idea afín al Perú desde los tiempos del fujimorismo, y que explica muy bien el caso de Hugo Chávez (también conocido como @chavezcandanga). Allá, en el primer mundo, la sola idea de un autócrata que convoque a elecciones y que responda a encuestas es novedosa.  Pero ¿sería tan difícil de imaginar aquí un régimen autoritario y antipolítico que se ufane de su democracia directa a través de las redes sociales, deslegitimando de paso a los medios tradicionales?

El primer punto de Morozov es relativamente fácil de comprobar: no se necesita manejar a todos los usuarios. ¿Acaso el tándem Fujimori-Montesinos tuvo que controlar a todos los medios de circulación nacional? Bastaría con comprar a los principales rebotadores, agregadores y refraseadores. Sin duda son más baratos que cualquier empresa periodística. Basta con socavar la credibilidad de los medios tradicionales, tildar a la industria del papel de elitista y ensalzar a las redes sociales por su poder democratizante. Pero el autor va más lejos. Intentar manejar a todos los usuarios no solo es innecesario sino también contraproducente. Las dictaduras prefieren demostrar su apertura democrática ignorando a los disidentes, aislándolos pero sin silenciarlos. Más o menos como hizo el fujimontesinismo con Canal A.


¿Por qué el gobierno de China tolera las críticas en internet? Porque funciona como una Stasi que empadrona a los críticos. Voluntariamente, la resistencia entrega sus IP’s, agendas y opiniones. Algo que en una dictadura del siglo XX tomaría costosos investigaciones, secuestros y torturas. Según el autor, en Tailandia existen blogueros que sirven para peinar la web en busca de disidentes. Y en Arabia Saudita se fomenta la búsqueda de videos en YouTube para controlar el material ofensivo. Por supuesto, también está el caso de Irán.


Bajo esa lógica, no censurar puede significar censurar. Parafraseando el Teorema de los Monos Infinitos, en algún lugar de la vastedad del ciberespacio debe existir un twittero opositor. Aunque nunca llegue a los grandes rebotadores ni a los grandes medios.


El segundo punto es clave. ¿Quién necesita controlar un abanico de opiniones que se dedican a neutralizarse entre sí? Aquí resulta clave saber qué tendencia ideológica domina las redes sociales. Para el autor, los mayores financistas de la agenda libertaria en internet son los neo conservadores estadounidenses. La cabeza visible de esta ciber guerra fría es Mark Palmer, autor de Breaking the Real Axis of Evil: How to Oust the World’s Last Dictators by 2025 (“a book that makes Dick Cheney look like a dove”). Tras el paraguas de la libertad online, los halcones de la derecha promueven el individualismo extremo a través del hedonismo consumista y la desconfianza en los medios tradicionalmente “socialistas”. Finalmente, el spin control (en lo que Morozov llama el spinternet) funciona mejor que cualquier censura.


Aquí también entra a colación Eli Pariser y su libro The Filter Bubble: What the Internet Is Hiding from You (Penguin Press, 2011). Como ya no hay un solo internet para todos, cada quien encuentra una realidad a su medida, lo que termina complejizando la noción de interés público. Eso queda claro luego de ver la excelente presentación de Pariser en TED.

El tercer punto es, a mi juicio, el más importante. ¿Por qué debemos asumir que los usuarios de internet ameritan ser controlados? He aquí la clave de todo el libro, porque la casuística de Morozov demuestra que la conexión wifi en un régimen autoritario implica la llegada de un cúmulo de estímulos novedosos y refrescantes. Un torrente de información que sirve más como agente distractor que como vehículo para canalizar demandas sociales. Además, ¿cuánto de activismo hay realmente en el ciberactivismo, hoy por hoy? ¿Cuánto hay de exhibicionismo e indignación gratuita, sin un propósito específico?

No hay que subestimar el poder del ocio y la procrastinación. Y es aquí donde la profecía de Huxley se une a la de Orwell. Porque para el autor, una falacia ad populum multiplicada a través de las redes sociales puede instaurar una verdad tan discutible como que 2+2 son 5. Pero también puede llenar la agenda noticiosa de videos con gatos que bailan.

Un video de Morozov resume su postura y es particularmente ilustrativo al respecto.

Vale la pena insertar un paréntesis pertinente. Esta debió ser la segunda parte del post Más información, menos periodismo. En el camino aparecieron tres periodistas que sustentan mejor que yo el escenario actual. El primero es el periodista mexicano Juan Villoro, quien enumera los riesgos que corre un medio por intentar competir con internet: homogenización, menos investigación, menos crónicas. En una frase: menos contenido propio. El segundo es un apunte interesante de Fernando Vivas: hay una competencia entre medios y redes sociales. No en el rigor, sino en el apuro. Esto explicaría, en parte, el creciente sensacionalismo y los excesivos errores. Finalmente, Alberto Arébalos, Director de Comunicaciones de Google para América Latina, sigue los pasos de The New York Times. Para él, el periodismo online debe cobrar por sus contenidos y diferenciarse de las redes sociales.

La conclusión cierra el paréntesis y nos devuelve al libro de Morozov: la herramienta no lo es todo. El acceso a una mayor cantidad de información no implica por sí sola una mayor rigurosidad. En ese sentido, la formación se impone a la información. De forma análoga, es una delusión creer que internet contiene en sí mismo facultades emancipadoras. Los gurús del determinismo tecnológico –el autor los llama cyberutopians e internet-centristshan fetichizado Twitter y Facebook al punto de creer que las redes sociales democratizan o son intrínsecamente democráticas. Pero la experiencia nos dice que la herramienta es neutra, y que el debate sobre la utilidad de las redes sociales en luchas políticas sigue abierto. Además, la democracia no es solo mera interconexión o socialización. Sobre todo si es solo la de una élite letrada con wifi.

Este y otros temas se tratarán en el conversatorio de NMM Atrapados en la red, en el Auditorio del Centro Cultural Peruano Británico de Miraflores. http://www.centrocultural.britanico.edu.pe/Auditorio_Detalle.aspx?id=1039

Carlos Cabanillas

Keith Richards en Perú

Conclusiones a partir de Life (2010), el celebrado libro de memorias de Keith Richards.

 

  • Mick Jagger, Anita Pallenberg y Keith Richards fueron a Lima. Era 1969, y Mirko Lauer los encontró en el Hotel Bolívar. Habitaciones 428 y 430.
  • Los músicos vieron muchos balones de oxígeno. Un bidet se rompió mientras Pallenberg orinaba. Ella ya estaba embarazada de Marlon.
  • El grupo fue invitado a Urubamba por una alta autoridad del Cusco. El DJ alemán -y novio del militar de confianza de Velasco- se robó la noche con su baile.
  • Jagger y Richards tuvieron que cantar para ganarse una cama.
  • Richards improvisó una versión de la “Malagueña”.
  • Los Glimmer Twins masticaron coca.

 

Todo esto y más en la página 77 del exitoso libro.

Carlos Cabanillas

El Clásico que nos gusta

Consumada ya la derrota ante Chile, nos debemos una revancha.

NMM plantea, entonces, el Clásico del Pacífico que realmente nos importa.

Representando  a nuestros colores, tenemos a Luciana León Romero, congresista de la República por el Partido Aprista.

En la otra esquina, Ena Von Baer Jahn, senadora designada de la Coalición por el Cambio de Sebastián Piñera.

Ustedes eligen a la ganadora. Aquí los palos también cuentan.

(JCY)

Fútbol y política en Perú: una historia de desencuentros

1936. Olimpiadas de Berlín. Perú vence en primera ronda a Finlandia –11 leñadores que por entonces jugaban al fútbol con palitroques- por 7-3, gracias a cinco goles de ‘Lolo’ Fernández y uno de ‘Manguera’ Villanueva. El siguiente partido fue disputado con el equipo B de Austria, que nos ganaba por 2-0 hasta el minuto 75 y al que le volteamos el partido anotando cuatro goles en el último cuarto de hora. El detalle es que en las postrimerías del partido, aun con empate en el marcador, algunos hinchas peruanos invadieron el gramado e incluso golpearon a tres jugadores austriacos de tal manera que no pudieron seguir jugando (y recordemos que en esa época no se admitían cambios). La FIFA dictaminó que el partido debía repetirse y el gobierno dictatorial del general Benavides ordenó a la delegación peruana retirarse del torneo, gracia que nos costó estar desafiliados del ente rector durante dos décadas. Ahí también comenzó el mito de que Hitler nos había eliminado por cuestiones raciales, que le ganamos al poderoso ‘Wunderteam’ de Sindelar, que nuestra actuación en Berlín había sido portentosa. Todas patrañas, como ha demostrado Luis Carlos Arias Schreiber. Y es que toda victoria moral siempre está sustentada por una mentira.

1952. Otro símbolo de nuestro gorilismo militar, el general Manuel Apolinario Odría –quien estampó para la historia aquello de “la democracia no se come”-, inaugura el Estadio Nacional de Lima. Cabe anotar que durante los siguientes cuatro años un gran retrato del tiranuelo fue colocado en lo más alto de la tribuna de Occidente con la frase “obra del presidente Odría”.

1969. Comienza la Revolución Peruana al mismo tiempo que las eliminatorias para México 70. Perú enfrenta a Bolivia en el Nacional. Una semana antes habíamos caído en La Paz gracias a la infame actuación del venezolano Chechelev y un absurdo autogol de Héctor Chumpitaz, a quien aún no se le llamaba el “capitán de América”. Había que levantar los corazones antes del partido. Y quizá por ello el presidente Juan Velasco Alvarado decide dar la vuelta olímpica, siendo aclamado por la multitud, según refiere Eloy Jaúregui, quien asegura haber presenciado el hecho. Aquella tarde Perú goleó y sacó medio pasaje para el mundial azteca.

1977. Eliminatorias para Argentina 78. Perú había eliminado a Ecuador endilgándole una paliza: 4-0 que pudieron ser seis o siete. Había que enfrentar a los chilenos en el Nacional para clasificar a la fase final en Cali, pero no eran poca cosa: Figueroa, Quintano, Caszely, Ahumada… Sin embargo, Perú demostró mejor condición y venció con justicia por 2-0. El general Francisco Morales Bermúdez, en evidente estado etílico, bajó a la cancha para celebrar con los jugadores, y llegó a pedir la camiseta sudorosa del back Julio Meléndez para luego ponérsela. Todos cantaron juntos el Himno Nacional. Martínez Morosini relataba la escena, conmovido.

1978. Mundial de Argentina. Perú está fuera luego de quinto partido jugado contra Polonia. Argentina, en el mismo grupo, necesita ganar al menos por cuatro goles para dejar a Brasil en el camino y jugar la final. Conocemos el resto de la historia, pero nunca sabremos si fue cierto que Videla se comunicó telefónicamente con Morales Bermúdez para plantearle un negocio: que la rojiblanca se dejara ganar a cambio de algunas toneladas de trigo. Ese Mundial no lo ganó Argentina, sino la Hermandad de Plan Cóndor. Lo que sí está probado es que Videla y Kissinger entraron al vestuario de Perú a mitad del partido para saludar a los seleccionados peruanos, hablarles de San Martín, de la fraternidad entre los pueblos y dejar por ahí alguna amenaza velada. Luego del 6-0 a Oblitas, Cubillas y demás los recibieron a pedradas en el Jorge Chávez, según anota Eduardo Galeano en  su Memoria del Fuego.

1997. Clasificatoria para el Mundial de Francia. Perú necesitaba solo un empate en Santiago; los chilenos debían ganar, y vaya que tenían con qué: Marcelo Salas e Iván Zamorano. Nosotros contábamos con Maestri Y Germán Carty. Sin embargo, la euforia de los hinchas y de los medios no estaba para detenerse en esa clase de análisis. Aprovechando la coyuntura, Alberto Fujimori, a quien el fútbol nunca atrajo demasiado, fue a la concentración para despedir a los seleccionados, arengándolos con la sonrisa torcida de siempre. Luego de la ignominiosa goleada ante los chilenos y de la victoria ante Paraguay en Lima (1-0), el mismo Fujimori invitó a Oblitas a Palacio y lo ratificó personalmente como técnico de la selección.

1999. La campaña reeleccionista calentaba motores. El Chino vuelve a sacar partido de la coyuntura y anuncia en conferencia de prensa la contratación del Pacho Maturana como técnico de la selección. Nadie mencionó que Maturana acababa de escapar de Costa Rica dejando al seleccionado ‘tico’ en una profunda crisis. Era ya un vendedor de sebo de culebra, al que nos apuramos a comprarle todo el lote disponible: “Yo tengo un sueño, y es dirigir a Perú en Japón Corea 2002”, dijo la misma tarde en que Argentina nos ganó 2-1 y Burga lo despedía, embolsándole de paso una jugosa indemnización.

2004. En un acto político fallido, Alan García decide convocar a una marcha nacional para oponerse a la firma del TLC con EE. UU. El día elegido fue el de la inauguración de la Copa América en Perú. Como lo constata la talla de su pantalón, la relación entre el ex presidente y el deporte siempre fue terrible: su marcha no solo fracasó, sino que ocasionó la famosa fotografía de la “patadita”; una vez electo, ratificó el TLC; y para más inri, se embarcó en la multimillonaria remodelación del Estadio Nacional para optar como sede de los Juegos Panamericanos, que terminaría perdiendo. Como no podía ser de otra forma, antes de irse inauguró la obra inconclusa.

2011 Eliminatorias para Brasil 2014. El presidente Ollanta Humala llega a la Videna para entrenar, frente a toda la prensa, con los Cuatro Fantásticos y el resto de la selección. “Estamos hartos de ser eliminados” afirma ante los micrófonos. Al igual que Toledo en el 2003, estuvo presente en el primer partido clasificatorio ante Paraguay. Y al igual que en ese partido, Perú arrolló. Esperemos que ahí se acaben las similitudes.

Saquemos, pues, las conclusiones pertinentes.

Los pronósticos de NMM:

Juan Carlos Méndez: 1-1.

Jerónimo Pimentel: 1-1.

José Carlos Yrigoyen: Perú gana 1-0.

Carlos Cabanillas: ¿Qué, jugamos contra Chile?