Ego Nacional de Poesía

Hace varios años entrevisté a Martín Caparrós a propósito de una visita a Lima. Dentro de las varias cosas que me sorprendió de su conversación, recuerdo sobre todo dos: primero, su odio a Osvaldo Soriano, quien según él caminaba por los cafés de Buenos Aires con una libreta en la mano para nutrir su lista negra de enemigos (en la que estaba él); y segundo, que le gustaba que el Perú no tuviera un Premio Nacional de Literatura. Antes de escuchar su argumento lo miré con escepticismo, luego de lo cual me dio una larga aclaración que tenía que ver con la relación que establecían los intelectuales con el poder. Esa vez la conversación devino en México, su sistema de becas, el silencio comprado durante el PRI y el debate Vargas Llosa-Paz por aquello de la “dictadura perfecta”. Si la conversación hubiese tenido lugar hoy, estoy seguro de que el ejemplo hubiera sido Argentina, los “intelectuales K” y Vargas Llosa de nuevo, solo que esta vez por el affaire de la Feria del Libro.

Bueno, el punto es que Petroperú está relanzando los Premios Nacionales de Fomento a la Cultura en coordinación con el Ministerio de Cultura, en virtud de un memorándum firmado hoy donde se establece lo siguiente:

La propuesta incluirá premios en las categorías Premio Nacional a la Trayectoria Artística (recuperación del Premio Nacional de Arte y Literatura), Premio Nacional de Talento Creativo (dirigido a reconocer a personas que han sobresalido en algún ámbito de la creación cultural, sin importar la edad o trayectoria), Premio a las Buenas Prácticas Culturales (dirigido a instituciones y empresas que fomenten la cultura nacional) y el Premio Especial  (entregado de manera excepcional por circunstancias o aniversarios culturales muy relevantes).

Más allá de la tierna ambigüedad de la última categoría, y de que estas están más o menos determinadas, la pregunta es ¿cuál sería la mejor modalidad para un Premio? Algunas de las opciones son:

1.     Mejor obra del año (como en los extintos Premios Nacionales).

2.     A la carrera de un artista (lo más lógico, en tanto el Copé funciona como un premio anual).

3.     Con dotación económica única.

4.     Con dotación económica y pensión vitalicia (como en Chile).

5.     Bianual (como en Chile).

6.     Con modalidad juvenil (Premio Poeta Joven del Perú).

7.     Becas por proyecto (México y Chile).

8.     Pensión mínima por registro municipal (el descabellado modelo argentino).

9.     “Poeta laureado” (el modelo anglosajón, ya sea Congreso –un despropósito- o la reina –que no tenemos-).

De aquí surgen muchas preguntas.

¿Qué disciplinas califican como premiables? En un escenario pesimista, incluso la gastronomía (¿por qué insisten en que es arte?), lo que nos haría una caricatura de país.

Luego, ¿quién decide? Dejar este rol a la burocracia (delegados del INC, del Ministerio de Cultura, etc.) sería negligente. Y por otro lado, un jurado, por definición, forma un canon: ¿quién determina cuál es? ¿Susana Baca? ¿Su esposo? ¿Un corral de vacas sagradas? Otra opción es que sean académicos respetables. El modelo Copé convoca a un profesor de la Pucp, a otro de San Marcos, a alguien de la Academia Peruana de la Lengua y a un representante propio. Bien, ¿qué ha asegurado este modelo de terna en los últimos años? Prácticamente la invisibilidad y el poco nivel de los ganadores, con contadísimas excepciones que habrá tiempo de nombrar otro día. Si no falla el estímulo, que en el caso del Copé es cuantioso, ¿cuál es el problema? ¿Los creadores o quienes eligen?

Grosso modo, podemos hacer ya un balance de ventajas y desventajas obvias.

Es increíble que escritores como Rodolfo Hinostroza o Enrique Verástegui, cuyo trabajo es largamente utilizado en materiales educativos a cambio de nada, no posean ningún tipo de reconocimiento (el Premio Southern, de frecuencia casi esporádica, es insuficiente). Evitar lo que le ocurrió a Paco Bendezú o a Alejandro Romualdo con alguna iniciativa de este tipo ayudaría a paliar el múltiple abandono que sufren los artistas. No es un abandono retórico: los narradores de éxito y los libros de autoayuda demuestran que el Estado no es capaz siquiera de respetar sus propias reglas, así que si éstos dependen del éxito en el mercado, por la piratería, están perdidos.

En el lado negativo, figura la posibilidad siempre latente de generar redes de clientelismo. En México y Argentina este modelo ha alcanzado el paroxismo, al punto de que se hace imposible escardar la mediocridad de la luz. Y por otra parte, ¿no es parte de su atractivo, y aquí hablo ya solo de poesía, la distancia respecto al mercado, su coexistencia al margen de, ese tono impoluto que cobra por no responder a las reglas capitalistas (por tiraje y ventas difícilmente la poesía es un producto, a lo más, una artesanía)?

Por último y no por ello menos importante, ¿qué piensa el lector?

Jerónimo Pimentel

El libro perdido de Hinostroza

El mundo de la inteligencia, 1967

La primera vez que oí de este asunto fue en 1996, durante una conversación con el poeta Bruno Mendizábal en su conventual departamento de San Felipe. No sé de dónde salió el tema, pero Bruno me contó una de las leyendas más oscuras de la poesía peruana contemporánea: que Rodolfo Hinostroza, el gran poeta de Consejero del Lobo (1965) y Contra natura (1970), había publicado un libro luego de su primer poemario, pero que, arrepentido a los pocos días, lo retiró de todas las librerías y se deshizo de casi toda la edición completa.

La historia era interesante, pero había que tener el libro en las manos para confirmarla.

En quince años habré escuchado dos o tres veces más esa historia, aderezada con otros detalles o plenamente modificada (otra versión aseguraba que el autor era el padre de Hinostroza, Octavio, que también fue poeta bajo el seudónimo de Gabriel Delande, editado crípticamente por su hijo). El diccionario bibliográfico de poesía peruana 1965-1979 de Jesús Cabel confirmaba la existencia del volumen, atribuyéndoselo a un enigmático Hinostroza a secas. El libro se llamaba El mundo de la inteligencia y había sido publicado en 1967 nada menos que por Ediciones de la Biblioteca Universitaria, la misma casa editora que lanzó ese mismo año la célebre antología Los nuevos, de Leonidas Cevallos, y luego algunos libros de Julio Ortega. Toda la evidencia estaba en las sombras. Para colmo, un par de años atrás un periodista me contó que le había preguntado a Rodolfo Hinostroza por ese libro en un cuestionario escrito y que este había preferido no contestar nada al respecto.

Era demasiado. Había que conseguir El mundo de la inteligencia de una vez. Así que recurrí al librero y poeta Carlos Carnero, quien administra la imprescindible librería Inestable de la calle Porta. Carnero me vendió un ejemplar hace unas horas. Luego de dos lecturas y de revisar el libro con la minuciosidad con la que un arqueólogo escudriña una daga babilónica que acaba de rescatar del polvo, puedo ir anotando unas conclusiones preliminares a favor y en contra de la teoría de que este es el hijo literario no reconocido de Rodolfo Hinostroza Clausen.

A favor:

1)     La dedicatoria reza: “A la memoria de Octavio P. Hinostroza, mi padre”. El padre del auténtico Hinostroza, se llama, como ya dije, Octavio. El dato hasta este momento no confirmado (pero que el Hinostroza verídico podría aclarar fácilmente) es si el segundo nombre de Octavio Hinostroza Figueroa comenzaba con P. Si la respuesta es no, no hay mucho más que alegar.

2)     Debe quedar claro desde ya que El mundo de la inteligencia es un mal libro. Su autor, sea quien sea, pretende reflexionar sobre la naturaleza humana, la psicología, los procesos del pensamiento, el alma, el amor y el sexo en una clave entre aforística y sentenciosa, pero cierta ingenuidad y grandilocuencia, además de un experimentalismo demasiado elemental, arruinan buena parte del conjunto. Sin embargo, no es tampoco tan malo como para desechar la posibilidad de que sea el gazapo de un autor talentoso. Aquí y allá encontramos fragmentos, breves poemas que delatan a un autor de un nivel mayor que el de tantos vates desconocidos y anodinos que forman la tercera división de la poesía peruana.

3)     El mundo de la inteligencia fue publicado por las Ediciones de la Biblioteca Universitaria, una editorial estimable que, en conjunto con La Rama Florida o en solitario, entregó varios libros de poetas de nivel, además de antologías valiosas como la emblemática Los nuevos. Se dice que el autor de El mundo de la inteligencia era un ignoto poeta de Huancayo que surgió prácticamente de la nada. ¿Cómo llegó este escriba anónimo, que no ha dejado una sola pista en la historia de la poesía peruana a publicar en una editorial con un catálogo más o menos de nivel? ¿Quién lo contactó? ¿Ninguno de los encargados de la editorial lo recuerda? ¿Llegó realmente a venderse este poemario en librerías?

4)     Y estas preguntas nos llevan a otras: si realmente Rodolfo Hinostroza no es el autor de El mundo de la inteligencia, ¿quién es?  ¿Qué fue de él? ¿Lo conoce algún habitante de Huancayo? ¿Por qué publicó su libro solo con su apellido? ¿Qué quería ocultar este “Hinostroza”?

5)     Aunque esta prueba es sumamente circunstancial, hay que anotarla: si El mundo de la inteligencia es el libro de un ilustre desconocido, ¿por qué los libreros que lo venden siempre le asignan precios altos, a la par de los poemarios de autores conocidos y reconocidos? He podido encontrarlo hasta en ochenta soles; mi ejemplar costó cincuenta. ¿Qué libro de un poeta sin mayor fama ni brillo llega a tanto? ¿O uno no compra el libro en sí, sino la pintoresca leyenda que lo envuelve?

6)     Y, finalmente, este libro podría ser de Rodolfo Hinostroza porque la vida suele parecerse a una novela de Bolaño.

En contra:

1)     Jerónimo Pimentel le preguntó hace poco al buen Rodolfo si él era el autor del librito de marras. Luego de reírse estruendosamente, declaró que estaba harto de que le hicieran esa pregunta, y que él no era el autor de ninguna manera. Es más, afirmó que nunca había leído El mundo de la inteligencia. Ni siquiera había tenido un ejemplar en las manos. “Carajo, ese libro me persigue”, suspiró, dejando así el asunto cerrado.

2)     Una tercera persona, el ubicuo José Rosas Ribeyro, asegura que ese libro es una farsa, que  conoció a su verdadero autor, un personajillo que vagabundeaba por los bares del centro –del que no nos pudo dar su nombre- y que El mundo de la inteligencia fue apenas un vano intento por conseguir algo de notoriedad. Rosas afirma que nada en ese libro es verdad; según él, ni siquiera fue editado por las Ediciones de la Biblioteca Universitaria. La intervención de José Rosas abre otra posibilidad sobre la autoría real de este poemario: ¿Y si fue el juego de uno o más individuos con mucho tiempo libre y ganas de confundir a los lectores limeños de poesía? Aunque es una de las teorías menos probables, no debemos descartar esa posibilidad.

3)     El estilo del libro no tiene nada que ver con el de Rodolfo Hinostroza. Una lectura sesgada y tendenciosa puede hallar algún verso que lo relacione con el poeta de Nudo Borromeo (“el libre albedrío / determina su futuro / No hay horóscopos escritos / que encaminan / ni mala suerte / que asuste / el niño / no tiene más ejemplo que nosotros mismos”), pero en general los poemas no tienen puntos de contacto con la obra oficial de nuestro autor.

4)     Ninguno de los críticos que han estudiado la obra de Rodolfo Hinostroza –que no son pocos-  considera este libro como probable parte de su corpus poético. Es más, incluso se dice –no he podido confirmar aún este dato- que José Miguel Oviedo llegó a publicar una nota en la prensa advirtiendo que El mundo de la inteligencia no era de ningún modo el segundo libro de Hinostroza.

Estos son, pues, las conjeturas y datos disponibles. Si algún parroquiano de NMM tiene algo más que agregar, o posee la llave que abre este enigmático baúl, adelante: diríjase a la sección de comentarios y despáchese con todo. El premio para el que resuelva este acertijo es un paquete con la obra completa de Winston Orrillo. No pierda esta única oportunidad.

(José Carlos Yrigoyen, en colaboración con Jerónimo Pimentel)

Un Animal Enjaulado

Comentario a “La Fiesta de Cumpleaños” de Harold Pinter, dirigida por Chela de Ferrari.

Paul Vega y Ana Cecilia Natteri usan la cordura para crear unos locos memorables. De jueves a martes en La Plaza-Isil.

No habrá respuestas. ¿Quién es Stanley? ¿Quiénes sus caseros? ¿Quiénes son los misteriosos visitantes Golberg y McCann? ¿Qué está sucediendo? Nunca se sabrá con total claridad porque ese limbo, esa opacidad en los motivos y causas permite rasgar la lógica y dejar que corra sobre el escenario el fantasma de la perturbación.
“La fiesta de cumpleaños” (1958) es la segunda obra escrita por Harold Pinter. Junto a “La habitación”, “El montacargas” y “El portero” conforman sus obras de juventud.
Luego de su estreno en Londres “La fiesta…” fue cancelada luego de 8 funciones. Ofendido e inseguro, Pinter quiso dejar la dramaturgia. Sin embargo, Harold Hobson, crítico del Sunday Times, escribió que tanto el título como el escritor darían que hablar en el futuro. En el 2005 ganaría el Premio Nobel de Literatura.
¿Por qué tanto lío? Es que apenas en 1953 se había estrenado un radical precedente, “Esperando a Godot”, con la que Beckett le otorga densidad a las propuestas patafísicas y absurdas de Jarry y Ionesco. Pinter, además, añade violencia verbal (que siempre es sicológica) a su naciente obra, que en este caso comparte rasgos de construcción con “Los Asesinos” (1927) de Hemingway.

Sobre el cuento del viejo Hem, Vargas Llosa ha escrito: “Lo más importante de la historia es un gran signo de interrogación: ¿por qué quieren matar al sueco Ele Andreson ese par de forajidos que entran con fusiles de cañones recortados al pequeño restaurante Henry’s de esa localidad innominada? Nunca lo sabremos”.

A pesar de los precedentes señalados y de que la obra de Pinter tiene más de 50 años sobre las tablas, su capacidad de desconcierto se mantiene, como se puede comprobar en el limeño teatro ubicado al borde del mar.

El día que yo vi la obra, varias parejas se pararon y se fueron antes de que acabe la función. Una vez finalizada varias personas salieron disparadas de sus asientos. Eso me gustó. Porque la incomodidad de su propuesta hace que muchos busquen la seguridad de los ojos cerrados, se escuden en la incomprensión o la ataquen como se hace con un ser ajeno y perturbador que quiere cruzar el círculo de tiza que marca las fronteras de nuestra intimidad.

Es cierto. Hay una traición en la obra de Pinter. Uno va al teatro a ver una obra titulada “La Fiesta de Cumpleaños” escrita por un premio Nobel y se espera muchas cosas menos que no le expliquen por qué está sucediendo “eso” en el escenario. Pero en esa traición se funda la grandeza de esta pieza.

Esto no quiere decir que sea una obra complicada. No hay que ser muy inteligente o sensible para disfrutarla. Solamente hay que ser un poco atrevido. Y abrirle la puerta a lo desconocido. Y mirar. Y escuchar. Y sentir.

En la versión dirigida por Chela de Ferrari, Paul Vega y Ana Cecilia Natteri se llevan las palmas por unas actuaciones donde sensibilidad y cordura les han permitido crear unos locos sensacionales. Dejan dudas, sin embargo, Mario Velásquez y Rómulo Assereto porque su sombra de maldad nunca termina de cuajar.  Lo que no desmerece una propuesta que logra el inusual mérito de hacer coincidir los extremos: es simple y misteriosa, divertida y perturbadora, lúdica y sádica como un raro animal enjaulado.

Juan Carlos Méndez

Pdta: Una versión de este texto fue publicado en Caretas 2208. Lo posteo aquí porque saliendo de ver “Astronautas”, la mejor obra del teatro peruano en el 2011, el popular @ocram me djo que no le había gustado “La Fiesta…”. Servido, muchachón.

Firme Junto Al Pueblo

“El faenón”, “El Chuculún” y demás secuaces que acompañan a “El Firme” en la tercera división de la prensa nacional.

Al lado de la prensa oficial y oficiosa en los kioskos de Lima, no solo se airean los vilipendiados diarios “chicha”, aquellos que adquirieron la mayoría de edad gracias a Bresani y compañía.

También figura una raza de a cobre (cuestan un sol) que hace poco mostró su rastrera cola en un incidente al interior del Congreso.

Dos periodistas del semanario “El Firme” ingresaron al llamado hemiciclo y, más campantes que Lori Berenson, ingresaron a una oficina de la bancada de Gana Perú precisamente cuando no había moros en la costa. Aunque luego la publicación fue vinculada a Alexis Humala, el incidente quedó allí.

Pero.

¿Acaso además de buscar  fotos comprometedoras nadie se ha preguntado por qué existe “El Firme” y cuál es su público? La respuesta había que buscarla en los kioskos del centro de Lima, donde periódico que no cae, resbala.

Luego de un repaso por las 4 esquinas de la Plaza San Martín, entre puestos de lustrabotas y emolienteros, la conclusión fue obvia: alguien(es) había retirado a “El Firme” de circulación. “Mucha luz, causa”, respondió un dependiente cuando se le preguntó  por dicha ausencia.

Pero todo fracaso tiene su recompensa.

 Allí estaban sus compinches, los diarios y semanarios con los que comparte honores en la tercera división de la prensa nacional: “El Chuculún”, “El faenón”, “El Poder” y “Mi salud”.

Aunque son muchos más, la selección de estos cuatro tiene una razón. Bajo esos nombres ridículos y obvios se asoma una tipología: sexo, chistes, política y salud. En realidad no sorprende que el deporte no esté representado en la tercera división porque con los ejemplares de segunda y primera el mercado está saturado.  

Aunque “El faenón (El periódico más rata)” señala que sus dominios son la política, los espectáculos y el deporte, lo preciso es que se trata de una publicación de chistes referidos a esos temas.

Ejemplo de la edición número 73: “Ministra Aida “Mocha” García Toronja, dice que si la botan, pondrá un restaurante para apristas con los alimentos del PRONAA”

Aunque los chistes pueden ser monses, hay que reconocer que tienen la hidalguía de mostrar con nombre y apellido a los integrantes del esperpento. Su director es Alexei Humalosky, el editor irresponsable es Bieto “Carretón”, el jefe de imagen es Harry “El Sucio” Gutiérrez, el asesor legal es Francis Allisonso, la jefa de relaciones humanas es Lili Mamaster y la seguridad corre por cuenta de Bussines (sic) Trafa.

 El plato fuerte de las 16 páginas a todo color son los especiales de “El trolo”, mítica caricatura de un insaciable mujeriego cuyas debilidades son reveladas por su enorme nariz.

A continuación se reproducen algunos breves “chistes” porque en su conjunto son lo más parecido a una editorial:

-“El “Mago” le pidió a Vargas que tire una rabona y el “loco” pidió el fono de Melissa Loza”.

-“¿Qué hace una neurona en la cabeza de una mujer? ¡Turismo!”.

-“¿Qué hace una mujer cuando su marido se muere? Domesticar a otra bestia”.

-“¿Cómo vuelves loco a un hombre en la cama? Escondiéndole el control remoto de la TV”.

-“¿Por qué los hombres se hacen análisis de heces fecales? Para saber la clase de mierda que son”.

 

“El Poder” se define como un semanario de información, opinión e investigación. Su director es Orlando Izquierdo Acuña, tiene un portal actualizado (www.diariopoder.com), correo electrónico, y cuenta en facebook.

En su edición del 21 al 27 de noviembre del 2011, se ampara en la seriedad de algunos entrevistados (“Vitocho” García Belaunde comenta sobre el caso Chehade, el apoyo de AP a Ollanta y el conflicto minero, tema sobre el que también se entrevista a Nelson Manrique) y la reputación de algunos columnistas (el economista y catedrático de la Universidad del Pacífico Jorge González Izquierdo comenta la crisis de la eurozona), para intentar equilibrar unas notas alarmistas cuyos títulos delatan sus evidentes objetivos:

– “Lerner quiere vender el Perú. Premier judío no juró por dios ni por la patria. Defiende la gran minería y alista ola de concesiones”.

-“Chile se arma como todo delincuente (Gastarán US$ 5,000 millones en material bélico y piensan desconocer fallo de La Haya que nos devolverá Mar de Grau)”.

-“Nace Frente Perú: Bases Nacionalistas se rebelan a Ollanta”.

– “China empieza a conquistar América Latina. El gigante asiático devora las materias primas de la región”.

Casi escondido en la página 14 (de un total de 16), hay una recuadrito interesantón: celebra la inauguración del ciclo académico 2011-III de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), dirigida por el Lic. Alejandro Guerrero.

 

Publicación escogida por consideración al lector (“Salud y Belleza” tiene como tema de carátula los hongos en las uñas de los pies), “Mi Salud” compite con varias publicaciones similares. Dirigida por María Caycho V. se define como un diario de “consejos para una vida saludable”.

 “Papaya, piña y tamarindo, frutas 100% quemagrasa”, “Celos, consejos para evitar futuras tragedias”, “Bustos bellos, (tips caseros para aumentar tus pechos)”,  “Páncreas, sepa qué alimentos son beneficiosos”, “Como prevenir el dolor de oído”, “La relación de madre e hijos según tu signo zodiacal” son notas coronadas en las páginas finales (16 en total) con un decálogo de la felicidad y un pupiletras.

Finalmente hay que hablar de “El Chuculún” (prohibida su venta a menores de edad). Aquí los consejos e historias son para la salud (o perversión) sexual: “Conoce las mejores técnicas manuales para ponerle los ojos en blanco a tu jerma: “La cachetada”, “El tercer dedito” y “La inolvidable””.  Es de destacar la variedad de registros, pues de la nota informativa pasa a una de carácter narrativo: “Pinga loca nos cuenta como le hizo de todo a rica pituquita que se levantó en tono de su primo”. De tenor similar es el relato protagonizado por el Guachimán Pepito, quien en la edición 354 relata como “mamacita le rompió la columna a puro nalgazo”. Además muestra secciones fijas como “Los cherocas más bravos de la historia” (en esta ocasión Nacho Vidal, el toro español), el horóscopo erótico y la crítica de cine (“ahórcate el muñeco hasta tres horas al hilo con los nuevos DVD”), donde destaca la versión triple X de “El Graduado”.

Luego de la lectura de los semanarios que acompañan a “El Firme” como miembros de honor de la tercera división de la prensa nacional, la conclusión solo puede ser una y unánime: el Perú avanza.

Juan Carlos Méndez.

Eduardo Adrianzén contra la Reacción

Ha sido un año raro para Adrianzén. Empezó con el estreno de su obra sobre Federico García Lorca, ‘Sangre como flores’, con la que cerró un ciclo de poetas muertos por violencia política (antes había abordado a Pasolini y Heraud). Además tuvo 4 reestrenos, entre ellos  ‘La tercera edad de la juventud’, ‘Demonios en la piel’ y ‘17 camellos’. Por si fuera poco, América TV produjo la mejor telenovela que ha escrito a la fecha, el drama de época ‘La perricholi’. A pesar del éxito comercial y el consenso crítico sobre la alta calidad de la producción, la gerencia de la televisora cedió a la presión de un minúsculo grupo ultraconservador y la censuró torpemente. Ahora, cual tumor cancerígeno, la Reacción ha hecho metástasis y tiene un grupo propio en Facebook dirigido a maltratar al buen dramaturgo. Visto de otra forma estos ataques son como galones, en tanto permitan visibilizar la presencia de los discursos rancios en la TV peruana y las redes sociales. En el espíritu de Nosotros Matamos Menos, no hay nada peor para un artista que ser inofensivo.

-El asunto ocurre porque hay cosas que el Perú ha internalizado como normal. Por ejemplo, que las estructuras de poder tienen un mecanismo que es así porque sí. El Virreinato dejó una forma de tratar las cosas que quedó. México es igual, tenemos culturas cortesanas parecidas por haber sido grandes centros virreinales con cortes muy grandes. El modo cortesano de relacionarte con el poder permanece idéntico.

– Estamos hablando de los poderes fácticos.

– Claro, de poderes fácticos, y también de maneras. El otro día recibí un tweet de Martha Meier que decía: “deberían estar agradecidos por la oportunidad que les dieron en América TV”. No le respondí directamente, pero colgué la siguiente frase en Twitter: “la mentalidad feudalista pretende que uno agradezca aunque a uno lo traten mal o burlen la ley”.

– ¿Frente a eso que hace un artista?

– Primero toma conciencia de cuáles son las reglas que se deben aplicar, porque estas varían de acuerdo a momento. Lo que ha pasado con ‘La Perricholi’ es nuevo.

– Los cortes abruptos suelen ocurrir con productos comercialmente fallidos.

– Es la regla de juego.

– Manda el mercado.

– Mi desconcierto viene porque yo he jugado siempre con las reglas del mercado. Ahora hay reglas nuevas, poderes más agresivos. Hay que ser consciente del nuevo contexto, por eso me parece clave identificarlo. Son reglas que van más allá de la lógica del negocio, del discurso neoliberal. Es muy peligroso.

– ¿Cuáles son las nuevas reglas? ¿El imperio de lo políticamente correcto?

– No, esto es Sarah Palin, el Tea Party.

– Es la Reacción.

– En la medida que las sociedades cambian por movilidad social, los grupos de poder de siempre necesitan encontrar nuevas trincheras. Las trincheras ya no pueden ser sociales, porque si tienes plata te compras tu casa en La Planicie y te zurras en el universo. Las nuevas trincheras son inmateriales, ideológicas.

– ¿Qué rating tenía ‘La perricholi’?

– Entre 16 y 17 puntos. En términos de ranking, entre el 2do y 4to lugar general de lunes a viernes. No tienen una disculpa en términos de cifras, pero sí en términos de auspiciadores. Como ellos tienen el poder económico, pueden decir: “esto nos parece inmoral, asqueroso y te vamos a quitar la plata si no lo sacas del aire”. El problema es que sienta un precedente fatal. No conozco un programa en el universo que haya sido reducido a la mala teniendo éxito. Ya no sabes cuál es la regla. La regla es que les caigas bien. Una regla fatal.

– ¿Quién forman este grupo de presión?

Es un grupo de personas, con comunión ideológica, que le sopla al oído a un montón gente que mete dinero. Mis amigos de Backus me han dicho que los vienen jodiendo desde hace meses con files de files de programas horrorosos que no deberían auspiciar. Manejan presiones a nivel personal, de club. Esto está en la antípoda del neoliberalismo que tanto pregonan. Se manejan como Sendero al revés.

– El problema del liberalismo en el Perú es que solo cala en lo económico.

– Yo pido coherencia. La coherencia que conocía era la del negocio y ha fallado. Aquí hay otro tema.

– ¿Qué tipo de escenas se han recortado?

– Es como que agarres tu poemario y dejes todo hasta la página 30, y de la 40 a la 50 podes 200 líneas. Tu libro está perfecto hasta el poema 13 pero de ahí todos son haikus. Dices: ¿qué pasó?

– De hecho, los primeros titulares tuvieron que ver con lo contrario: el ‘topless’ de Melania Urbina.

– Lo más ridículo es que el propio gerente del canal, que ahora nos odia, dijo que estemos tranquilos con eso, que estaba perfecto. Me pregunto: ¿qué pasó después? Han movido una tuerca fuerte. Mi deducción es que hay una presión por otros programas también, porque esto fue una urgencia.

– Una urgencia tardía.

– Sí, porque ya había pasado todo y solo faltaba terminar las historias, atar los cabos. Es absurdo. Hay tramas que se han volado íntegras. Han editado la novela en Tráfico como sea.

– ¿No hay un tema de respeto al televidente?

– Les importa un cuete.

– ¿Les han dado razones formales a ustedes en privado?

– Nada.

– Déjame ser abogado del diablo: ¿hay un tema de protección al menor?

– No. Se ha hablado de muchas cosas, pero no se ha visto nada. ¿Una danza del vientre es chocante? Es muy subjetivo.

– Hay bastantes noticieros más chocantes que una danza del vientre.

– Yo insisto en que el asunto va por contenido, por la premisa. La premisa es hedonista, sí; laica, sí; satírica, sí. ¡Pero eso fue lo que vendí!

– ¿Será posible una visión ultramontana de ‘La perricholi’?

– Revisa la web de ‘Valores humanos’: ella era una santa y nosotros somos unos imbéciles.

– Estoy subestimando.

– Era una santa y nosotros no tenemos rigor histórico.

–  Pensando en futuro: ¿hay alguna forma de firmar un contrato de tal forma que esto no ocurra más?

– Cuando el canal financia es dueño del producto, en eso tienen razón. Lo que ha ocurrido es que sea ha infringido la ley de derechos de autor con roche. La ley dice que toda obra intelectual no puede ser mutilada sin consentimiento de los involucrados. También otras cosas, como que nunca se pusieron créditos: de 70 días, solo los pusieron 2.

– ¿Vas a tomar acciones?

– Por supuesto. Voy a asesorarme con el sindicato de actores. Tengo dos objetivos. El primero es hacer tanto escándalo que no se les ocurra volverlo a hacer. El segundo es que la pasen, si quieren a las 11 de la noche, pero completa. Incluso podrían hacer plata. Pero la verdad aún no lo entiendo. ‘La perricholi’ de los 90 tenía veinte veces más topless. ‘Eva del edén’ tenía 10 veces más topless.

– Ahora, ¿hay algo bueno en esto? Porque de alguna forma no hay nada peor que un artista aceptado por la sociedad.

– La idea era dar la vuelta desde el sistema, pero ya no puedo. Voy a tener que radicalizarme también en tanto no creo que me crean que voy a hacer algo inofensivo.

– Lo irónico es que esta ha sido tu mejor novela.

– Sí a nivel de texto. Ha sido un trabajo largo.

– Cambiando un poco de tema, ¿no sientes que la TV peruana está estancada en el costumbrismo?

– Sí, y confieso que yo he ayudado a eso. Ahora lo que temo es que la consigna sea: “hay que dejar solo el costumbrismo pasteurizado”.

– Estoy pensando en ‘Al fondo hay sitio’.

– ‘Al fondo hay sitio’ tiene éxito justamente porque es así. Yo hago ‘Qué buena raza’ y hago 18 o 20 puntos, pero no los 38 de ‘Al fondo hay sitio’. Lo confrontacional nunca te va a hacer el rey de la fiesta. Ahora, me importa un cuete, a mí no me interesa ser el rey de la fiesta sino hacer lo que me parece que está bien. ‘Al fondo hay sitio’ trabaja un concepto muy coherente,  muy claro, de hacer un producto que no moleste a nadie. Son mis amigos, gente habilísima, muy profesionales, saben enredar, son unos capos. Pero en el mundo de ‘Al fondo hay sitio’, donde hay un dueño de una constructora, nunca vas a escucharlo decir: “estamos sobrevalorando, esto cuesta 50 y hay un imbécil que me paga 200 mil”. En mi novela sí. Esa es la diferencia.

– ¿Sientes que la TV como medio para el artista retrocede?

– Retrocede.

– Mi sensación es que las artes industriales, en el Perú, no funcionan.

– O te radicalizas y encuentras un espacio, o te despides de ello.

Jerónimo Pimentel.

Una pasión latina (presentación)

Una gran novela siempre deja preguntas. En algunos casos reflexiones. Quiero agradecer esta oportunidad para compartir ambas con ustedes.

Lo primero que hay que decir es que Miguel Gutiérrez es el único autor peruano, junto a Mario Vargas Llosa, que puede figurar al lado de cualquier novelista del mundo sin ruborizarse.

Lo segundo es que ‘Una pasión latina’ es la última prueba de ello.

Gutiérrez se vale de un recurso de maestro: utilizar un género para intervenirlo y reformularlo hasta convertirlo en otra cosa. Es lo que hizo Piglia con ‘Respiración artificial’, Fonseca con ‘Agosto’ y Bolaño con ‘Los detectives salvajes’, por hacer una lista breve y reciente en la que el policial, en el sentido más abierto, ha servido para este propósito. Pero ocurre lo mismo con la ciencia ficción, cuando uno piensa en ‘Solaris’ del gran escritor polaco Stanislaw Lem, o en ‘El hombre en el castillo’, la formidable ucronía de Philip K. Dick; y puestos a historiografiar, llegaríamos hasta Cervantes, ‘El Quijote’ y la novela de caballería.

La técnica parece fácil, pero en realidad no lo es. Los convencionalismos de género seducen y arrastran con facilidad, por lo que es necesario combatirlos con símbolos, líneas paralelas y un fondo ontológico que permitan que la trama se sosiegue y sea solo eso, trama, diégesis, pero que no se vuelva ni el corazón ni el objetivo de la obra, porque en ese caso no estaríamos ya ante una reinvención del género, sino ante una mera forma de entretenimiento, y en algunos casos, ante una trampa.

Alejandro Gándara, el crítico español, lo expresa mejor que yo a propósito de la última novela de Juan Gabriel Vásquez, ‘El ruido de las cosas al caer’. Después de un largo elogio asegura: “La única precaución [que me crea] es que todo está llevado por una intriga, por el desvelamiento obsesivo de un enigma, y esas estructuras narrativas tienden a devorar lo que encuentran a su paso, por más profundo e interesante que sea. Hay gente que piensa que la intriga en un relato es una forma de pereza. Yo, por poner un ejemplo cercano, lo pienso a veces. En esta novela lo he pensado un poco. Me distrae de lo que interesa, se zampa lo que hay que meditar con detenimiento, lo que abriría la ventana a otro mundo. Puede que le quite verdad, le quite ley. Quiero ver Colombia y a ratos veo a un lechuguino que se duele demasiado de sus exclusivas heridas”.

Una de los aciertos de ‘Una pasión latina’ es que esto no pasa. Aquí está el Perú, quiero decir, el Perú de Gutiérrez, que nos duele a todos. Si tuviera que ser benévolo, diría que es un Perú crudo, estamental, que se nos muestra sin complacencias ni encubrimientos. Si descubro mi vena determinista diría: es el Perú que nos tocó. En cambio, si debo citar a un poeta, preferiría una frase que tanto Miguel como Enrique recuerdan bien: “a nosotros se nos ha entregado una catástrofe para poetizar”.

Permítanme elaborar un poco esta idea.

El encanto del policial (y digo de nuevo “policial” en un sentido abierto, de tal forma que englobe al thriller, al noir, al hard boiled, a la novela de espías, al misterio de cuarto cerrado, etc.), el encanto del policial, decía, como género a ser reelaborado, es múltiple: la búsqueda de la verdad, el crimen como síntoma social y la figura del detective/policía/periodista investido de cierto romanticismo al emprender una causa justa pero en apariencia imposible, tienden a tornar secundaria la materia literaria. Sin embargo, en una ‘Una pasión latina’ al culpable lo conocemos en la página 16. Y toda la búsqueda consiste en entender los motivos de alguien que es de por sí un enigma: si no el primer peruano, al menos el primer peruano moderno.

Haciendo gala de su magnífica capacidad de construir personajes (ampliamente demostrada desde Los Villar de ‘La violencia del tiempo’ hasta la penúltima Tamara Fiol), Gutiérrez crea una suerte de hombre-alegórico en Nolasco Vílchez Temoche. Él, como el primer peruano, es fruto de una violación; y como el primer peruano con las herramientas intelectuales para entender su condición intermedia, el Inca Garcilaso de la Vega, es presa de su hallazgo, de su confusión identitaria. Como decía otro mestizo citado en esta novela, el gran poeta de Santa Lucía, Derek Walcott, Nolasco Vílchez se debate entre dos absolutos: “o no soy nadie o soy una nación”.

¿Pero hay un crimen nacional? ¿Es dable pensar en un crimen peruano o latino? ¿Una condición social exculpa o al menos explica nuestro comportamiento individual? ¿Es este un misterio resoluble?

“O no soy nadie o soy una nación”.

Uno de los grandes aciertos de esta novela consiste en que avanza por la tensión que genera esta dicotomía sin equilibrio, entre el todo y la nada, siempre al borde del desbalance. Vílchez puede ser una nación, ¿pero cuál? La respuesta, de nuevo, se bifurca. Hay por lo menos dos narrativas propuestas: la del hombre que se hace a sí mismo, el self made-man que surge de las tinieblas pueblerinas del Perú profundo y alcanza éxito y fortuna en Estados Unidos; y la del hombre revolucionario, un nuevo hombre pergeñado de una sensibilidad, una ética y una ideología diferentes con las que construirá al nuevo Perú desde sus ruinas. Vílchez no solo vive, sino que de alguna forma ES ambos mundos: el suyo, andino, cholo y pobre, que aborrece y desprecia, pero del que irónicamente es o puede ser héroe (sea político, al menos deportivo); y el otro, occidental, blanco y rico, próximo pero distante, un modelo aspiracional si se quiere, que le fascina a niveles patológicos y que lo usará o lo degradará o en el mejor de los casos lo ignorará como el detritus de una época en la que tal vez fue útil. Pero aunque Gutiérrez bebe de Arguedas, no es esta una revisión del drama del aculturado: aquí la víctima se vuelve victimario al amparo de un aforismo de Don de Lillo, y ambas narrativas se despliegan ante el protagonista mostrando sus oportunidades y sus límites, sus fastos y sus miserias: por cada Sendero Luminoso hay una guerra de Vietnam; por cada película de Hitchcock hay una artesanía de ‘Las Encantadas’ o un bodegón ayacuchano; por cada sueño de revolución comunista hay un Sueño Americano, un Destino Manifiesto. Como si se tratase de un juego dialéctico, cada matriz exhibe su oferta y ante ella Nolasco Vílchez languidece en su imposibilidad de encajar. Apostar por una implica traicionar a la otra y aunque Nolasco apuesta y traiciona, es decir, decide, no puede evitar su condición que es en verdad una condena: habita en la cisura de un mundo dislocado, trágico e irreconciliable, y ante la incapacidad de una salida victoriosa por el portón central, le queda solo el patio trasero, la puerta falsa, aquella que lleva a la crónica roja o, sin más, a la locura.

El doblez, el espejo y la otredad son las claves para entenderlo. A Nolasco se le opone su versión pasteurizada, a saber, el narrador más visible de ‘Una pasión latina’: Artimidoro Correa. Si asumimos que no hay arbitrariedad en la elección del nombre de los personajes, Artimidoro saca provecho de su apellido: su ideario, moderadamente socialista le lleva no a afiliarse, pero sí a ser amigo del partido; su tibia militancia lo expone a ser perseguido, investigado e interrogado, pero nunca encarcelado; su medianía es su factor de sobrevivencia: ni gran intelectual, ni gran subversivo, ni gran novelista, ni gran nada. Artimidoro es la versión cojuda y diletante de Nolasco, un espectador casual y asustado, un relator disciplinado y chismoso, como si en los restos de las vidas ajenas fuera a encontrar su propia gloria.

Por lo demás, este es el tipo de simetría que entablan también los secundarios: Charo Méndez, la portorriqueña que despabila a Nolasco de la modorra angloamericana, le recuerda a Antuca, su madre, y luego a Febe Ubillús, su primera obsesión masturbatoria, en una suerte de línea freudiana; Trude Ostendorf, la utopía aria que despierta la fantasía sexual del niño, reencarna en Karen Spiegel, con quien se cumple la lujuria para escándalo de la pacatería piurana; el poeta Walcott, en plan ‘cameo’ como hemos dicho, comparte reflexión con el Inca Garcilaso, y por momentos ocurre la bella impresión de que ambos hubieran podido firmar un mismo verso. Quiero decir, hasta la humillación social comparte escenario, gracias a una hermoso juego de metonimia plasmado a través de una cancha de básquet, el lugar que por talento le corresponde a Nolasco pero donde cruelmente recibe su primer y último vejamen.

¿Cómo escapar de ello, entonces de una vida cíclica y sin heroísmo? Y algo más: ¿qué ocurre cuando la vida es, en efecto, un aforismo de Don de Lillo?

El arquitecto entra a zanjar y la obra torna polifónica. Para evitar la versión unívoca, Gutiérrez se vale del interrogatorio, el informe y la epístola para abrir las voces a la novela y crear los contrastes y confirmaciones que necesita este thriller psicológico con vocación de novela total y aliento de novela de espías. La técnica aparece y los tiempos se entrecruzan a través de flashbacks y evocaciones que otorgan nuevos niveles y dimensiones a los sucesos. Vemos así constantes y variables, y escenarios tan ajenos entre así como Piura de los años 50, Ayacucho de los 60, Lima de los 80 y Washington de los 90 aparecen unidos por una macabra complicidad: el peso social, duro como una comba, golpea a los individuos que, mejor o peor equipados para el castigo, empiezan a recordar aquello que decía Lanssiers: la mayoría de hombres no muere, se deshace.

Llegado este punto, es válido preguntarse si se cumple la vieja regla cristiana, que curiosamente es la misma que la de Sherlock Holmes y Auguste Dupin: ¿la verdad libera? ¿La verdad, como decían los teóricos del hard-boiled norteamericano, restituye por sí sola el orden social? Más aún, ¿queremos que el orden social sea restituido?

No, parece decir Gutiérrez con ‘Una pasión latina’. La realidad es un crimen que siempre se comete en nuestro nombre.

Jerónimo Pimentel

Ni con magia

Razones por las que el Perú no clasificará para Brasil 2014


Tres partidos de eliminatoria mundialista, tres puntos. Ese es el Perú de los cuatro fantásticos, del técnico de selección más endiosado en décadas, el que está de vuelta en el demagógico y huachafo comercial de Movistar. Es una selección tan ligerita como la de Uribe, Maturana y Ternero, solo que con más orden y más ganas de hacer las cosas. Pero está claro que eso no basta para ir a un Mundial. Para ir a un Mundial se necesita un fútbol local medianamente competitivo a nivel internacional, y Perú no lo tiene (el ejemplo más reciente es el Vasco 5 Universitario 2), como no lo tiene Colombia o Bolivia, que tampoco van a ir a la cita brasileña.

Se necesita, además, una estructura futbolística creíble, y con Burga y sus secuaces eso es sencillamente imposible. Miren a Chile nomás, que con la misma selección anodina de la eliminatoria 2006, se convirtió en un equipo temible en el Mundial del 2010, al que clasificó con brillantez y holgura. Que Marcelo Bielsa fuera el técnico es solo una parte de un todo: otra parte importante, imprescindible, era el presidente de la Federación, Harold Mayne-Nicholls, hombre lúcido, culto y pragmático que respaldó y colaboró en fortalecer la base donde el trabajo del Loco y sus muchachos tenía que desarrollarse.

Sergio Markarián es un muy buen entrenador de fútbol que siempre ha ganado títulos con planteles de nivel. Hace magia, pero no milagros. Sabe administrar lo que tiene y con lo que tiene suele superar expectativas, pero no necesariamente corona las grandes metas que ha tenido en su carrera: con Cristal en la Libertadores, el Panathinaikos en la Champions y Perú en la Copa América llegó a altas instancias, pero no se llevó el título en ninguno de los tres casos. He leído por ahí en el Facebook que no debemos preocuparnos, porque Markarián, con Paraguay en la eliminatoria del 2002, perdió sus dos primeros partidos y luego clasificó a los guaraníes a Corea-Japón. Pero eso es contar solo un lado de la historia: la otra parte es que en esa ocasión tenía a la base del fortísimo Paraguay de Francia 98. Ahora, en la misma condición, tres puntos en tres encuentros, tiene como base a la horrenda selección de Chemo del Solar, colera (cólera) indiscutible en el anterior proceso eliminatorio.

Solano –aquel jugador que en la selección siempre dio la tercera parte de lo que podía dar- tiene razón cuando afirma que eso de los cuatro fantásticos nos hace quedar en ridículo frente a la prensa e hinchadas de los otros países. Yo agregaría que además, nos hace daño a nosotros mismos al sobredimensionar con ese apelativo a un conjunto de jugadores que son sin duda muy talentosos, pero ninguno de ellos es Higuaín, Forlán o Suárez. Triunfan en un torneo como la Bundesliga donde al menos diez equipos tienen una defensa aún más miserable que la de Bolivia. He visto algunos partidos de la liga alemana y me pregunto si hay algo más fácil que hacerle un gol al Bochum o al Mainz 05; no son más (y podrían ser menos) que las zagas de Guatemala o El Salvador. Y para terminar, el loco Vargas juega en un equipo de media tabla de Italia. ¿Esos son nuestros cuatro fantásticos? ¿Cuántas Champions suman? ¿Cuántos trofeos internacionales reposan en las vitrinas de sus casas? (No me cuenten lo de la Intercontinental 2001 de Pizarro, que solo jugó un minuto). Con la excepción de Bolivia, todos los demás equipos tienen jugadores iguales o mejores que los nuestros. Casi todos tienen algún jugador en un equipo de primer nivel; nosotros no. ¿Cuántos jugadores peruanos juegan en el Manchester, en el Barcelona o en la Juventus, como es el caso de Valencia, Alexis Sánchez o Estigarribia? (Por no mencionar a los uruguayos o a los argentinos). Cada eliminatoria cometemos el mismo error: nuestros jugadores comienzan ante nuestros ojos como superhéroes y terminan a los cinco partidos como alcohólicos irrecuperables.

Tenemos pues, poco. Es cierto que es bastante más que lo que tuvimos en los noventa, pero igual es poco y en el concierto latinoamericano, en calidad, estamos entre un sétimo y octavo lugar, que es más o menos nuestro puesto en la tabla de las cuatro últimas eliminatorias. Con un técnico capaz y una estructura dirigencial sólida acaso llegaríamos a un sexto o quinto puesto, pero apenas tenemos una variable de esa ecuación, y como ya hemos repasado, así no se puede. Solo un dato para terminar: hace quince partidos que Perú no gana de visita en partidos eliminatorios. Esa es la realidad. Digan lo que digan algunos periodistas argentinos  (que en el fondo se cagan de risa de nuestro fútbol) lo mejor que podemos hacer es pensar desde ya en el Mundial de Qatar. (José Carlos Yrigoyen)