La Madre del Cordero

La lucha intestina entre escritores y cocineros por la representación de la cultura peruana.

(Fuente: nutricion.pro)

En mayo del 2011, una escena del recordado mockumental de la Marca Perú resumió el legado de las letras peruanas en dos libros de exportación: un volumen con la obra poética de César Vallejo y un ejemplar del recetario de Nicolini ¿Qué cocinaré hoy? Aquella elección provocó un discreto rumor de indignación en las redes sociales. Viendo el episodio en retrospectiva, fue apenas el entremés del arroz que hoy se lanzan escritores y cocineros a partir de las opiniones culinarias del novelista Iván Thays.

Thays no es el primer ni el último escritor peruano en criticar lo que González Prada llamó nuestra “furiosa rabia de comer”. Pero tan longeva como la tradición de cuestionar el ventralismo nacional es la de celebrar nuestro mestizaje culinario. Un ejemplo es el propio Ricardo Palma, contemporáneo del anarquista.

Lo realmente singular en este debate es que se da en un contexto de crecimiento macroeconómico que no ha implicado una mayor difusión de las industrias culturales nacionales. Se publican más libros, se filman más películas y se graba más música. Pero se lee poquísimo al respecto y se entiende aún menos, se ve poco cine nacional y se compran cada vez menos discos originales. Ese cada vez más diminuto espacio cultural en prensa y televisión ha sido copado por reportajes gastronómicos, lo que no es culpa de los cocineros. El propio Thays solía tener un programa de difusión cultural llamado Vano Oficio, nada menos que en el canal del Estado.

La solución a este fenómeno no es buscar “al Gastón de la literatura”. Sobre todo considerando que la gastronomía  peruana es una creación colectiva, una hechura milenaria y popular. La literatura nacional siempre ha tenido extraordinarias individualidades. Lo que faltan ahora son lectores.

Lo que debió ser un debate cultural no sobrevivió a los procaces y anónimos pullazos en las redes sociales. Un apanado virtual de más de dos días en twitter ayudó a desviar la atención hacia lo anecdótico.  Al linchamiento se le sumaron pedidos de paso al costado, tanto para Acurio como para Thays. En las redes sociales, varios representantes de ambos rubros defendieron sus respectivas trincheras. El reclamo fue el mismo: que hablen solo los expertos. Los riesgos de esa exigencia ya los vimos durante las últimas elecciones presidenciales, cuando el fujimorismo le dijo al Premio Nobel de Literatura 2010 que “solo sirve para escribir”, desautorizando de plano sus opiniones políticas.

Este es, en última instancia, un enfrentamiento entre dos tradiciones –la cocina y la literatura peruana- por arrogarse la representación cultural de un país (siendo la cultura la última rueda de una carcacha sin ruedas). Lejanos parecen los días en que ambas se sentaban a la mesa sin patearse por debajo. Uno podía leer ensayos de Antonio Cisneros sobre mestizaje gastronómico, sesudos textos de Max Hernández, crónicas históricas de Jorge Salazar o una semblanza sobre el escritor y cocinólogo catalán Xavier Domingo a cargo de Rodolfo Hinostroza en una de sus varias columnas (Todas las Salsas, La Verdad de la Milanesa). También se escribía sobre los almuerzos de Lezama Lima, los poemas de Rose y Vallejo (“La cena miserable”), y la cocina en boca de los franceses Talleyrand y Rabelais. Finalmente, hojear suplementos y revistas como Pachamanka y La Buena Mesa, o libros como El Diente del Parnaso (2000) y La Academia en la Olla (1995). Ojalá se pueda repetir ese plato.

(Una versión editada de este texto fue publicada en la última edición de Caretas, aquí).

Carlos Cabanillas

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Inteligencia Militar

Guardianes y reyes filósofos: la alianza Humala-Vargas Llosa
 

La entente Humala-Vargas Llosa

“Los peruanos no necesitamos un filósofo ni un pensador, sino un gerente que sea capaz de resolver y ejecutar las obras.”

                Keiko Fujimori. Junio del 2009

 

La raíz del miedo a una militarización está en una inevitable pregunta ancestral: ¿quién es el más apto para gobernar? El presidente Ollanta Humala ha extendido la pregunta hasta la República de Platón.  Su reciente invocación a “los guardianes socráticos” es una libre interpretación del rol de los militares como protectores del estado.

Pero el dilema se mantiene en pie. ¿Quién es el llamado a liderar esa república? Para Platón es el rey filósofo. Solo él tendría la virtud y la capacidad de estar al mando de “la nave” del estado. La sofocracia platónica se plantea, a grandes rasgos, como una alianza indispensable entre el filósofo y los guardianes (es decir, los guerreros).            

En la Lima actual, pocas propuestas políticas ahuyentarían más a la ciudadanía que una alianza entre intelectuales y militares.

El miedo a la militarización nos dice que un general es lo opuesto a un ser racional. Que quien usa las armas no lee, no discute y no sabe lidiar con las discrepancias. Ejemplos ha habido muchos. Pero se trata, finalmente, de una generalización gruesa. Lo más divertido es que ese lugar común se reproduce en las redes sociales, reino del maniqueísmo y la intolerancia donde hasta el más reflexivo se ve reducido a una burda polarización: me gusta o no me gusta, follow o unfollow, amigo o enemigo.

La historia y la geopolítica lo demuestran. El falso oxímoron “inteligencia militar” no pasa de ser una humorada de Groucho Marx. Pocas instituciones en el país han convocado a tantos intelectuales a sus filas como el CAEM. Para bien y para mal.

Pero el miedo a los intelectuales en el poder es aún mayor. Se les acusa simultáneamente de ser abstractos (como a Bustamante y Rivero) y de tener ideas peligrosas (como a Vargas LLosa). El caso más radical es el de Abimael Guzmán. En su libro Qué difícil es ser Dios. El Partido Comunista del Perú–Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980-1999 (IEP, 2010), Carlos Iván Degregori precisa que “nunca hubo un movimiento armado en América Latina que diera tal importancia al componente intelectual de su propuesta y a la condición de intelectual de su jefe máximo, el doctor Abimael Guzmán, entronizado en afiches y pinturas con todos los atributos del intelectual: anteojos, terno y libro bajo el brazo”. Para Degregori, Guzmán es el “rey filósofo (que) buscó aliarse con los bárbaros, no para destruir la ciudad letrada sino para tomar el poder dentro de ella con el fin de resaltar todavía más la distinción entre letrados y bárbaros”.

Por eso la reciente alianza entre Ollanta Humala y Mario Vargas Llosa sorprende y genera terror en cierta clase alta limeña. Además, confunde. Se trata de una relación en la que se han invertido los roles clásicos. En este caso en particular, el intelectual es el guardián. Es él quien articula la narrativa de las decisiones que toma el “rey militar”. Hubo antecedentes similares en la historia contemporánea. Quizás el más notorio fue el de Juan Velasco Alvarado leyendo los alambicados discursos del sociólogo de Cornell, Carlos Delgado. También podría mencionarse el pedido de renuncia dirigido a Leguía que el propio Bustamante y Rivero le ayudó a escribir a Sánchez Cerro.     

Pero la entente Humala-Vargas Llosa es única. Primero, porque intenta liderar un gobierno democrático. Y segundo -y esto sí es profundamente platónico- porque se trata de una alianza entre líderes con una doble formación. Por un lado, Vargas Llosa ha sido disciplinado bajo la férrea estructura militar del Colegio Leoncio Prado. Por el otro, Humala ha sido obligado a peinar la biblioteca sanmarquina de su padre, Isaac Humala. Basta una mirada a la historia de la célula Cahuide para comprender lo entrelazadas que están ambas familias. Y lo mucho que ambos se parecen entre sí, no solo cuando corren por las mañanas.

Carlos Cabanillas

Machu Picchu sí, Arguedas no

Oficialmente, el 2011 fue designado como el Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo. La decisión fue polémica. Por supuesto, estuvo amarrada a la devolución de las piezas que entonces estaban en poder de la Universidad de Yale. También a la campaña de promoción del turismo de Promperú. Pero más allá de las razones prácticas, a menos de un mes del final del año se puede decir que la decisión fue, lamentablemente, acertada.

¿Por qué no pudo ser el Año del Centenario de los Submarinos en el Perú?

En primer lugar, porque hablar de submarinos es hablar de una apuesta nacional por la ciencia y la tecnología. Dos temas secundarios dentro del compendio de prioridades presidenciales. Una lista que incluye temas que van de lo ridículamente específico (1996, Año de los Seiscientos Mil Turistas) a lo convenientemente gaseoso (2007, Año del Deber Ciudadano). Y en segundo lugar, porque se nos hace mucho más sencillo pensar en el pasado remoto que en el pasado reciente y, sobre todo, en el futuro y lo que queremos ser. La cabeza del gobierno ni siquiera sabe si quiere ser un país minero o uno agrícola.

Lo que nos lleva a la segunda pregunta. ¿Por qué el 2011 no pudo ser el Año del Centenario de José María Arguedas? Después de todo, el novelista ha sido reivindicado. Ya no es visto como Mascarita, el antropólogo utópico de El Hablador. Antes de Velasco, cuando aún se celebraba el Día del Indio, el

"¿He vivido en vano?" La mesa redonda sobre Todas las sangres (IEP, 2011). Incluye CD de audio.

etnógrafo Henri Favre le decía al escritor que en Huancavelica no había encontrado indios sino “campesinos explotados”. Era una expresión de la demanda de modernización de la época. Ocurrió en 1965, en el contexto de la mesa redonda sobre Todas las sangres, evento en el que algunos sociólogos marxistas despedazaron al escritor por ver castas e indios donde ellos veían clases sociales y campesinos. Hoy, más de cuarenta años después, la visión de Arguedas parece más cerca de la realidad social. El campesino ha vuelto a ser indio (o awajún, o aymara, o cajamarquino). Esta vez por voluntad propia. Da más réditos en tiempos de interculturalidad e identidades culturales.

Como el indio está de regreso, ha regresado otra vez el viejo racismo (¿alguna vez se fue?). La elección de Machu Picchu por encima de José María Arguedas es la elección del indio muerto por encima del indio vivo o, como decía Arguedas, del “indio del presente”, el que bloquea carreteras. Esa diferencia es la que permite que se acepte la música pero no al músico, la comida pero no al cocinero, el arte pero no al artista. Es la demarcación que hace posible que el hoy ex presidente Alan García diga que “Machu Picchu es la síntesis de la peruanidad” y, simultáneamente, que hay que “derrotar las ideologías absurdas, panteístas, que creen que las paredes son dioses y el aire es dios”. Es decir, las ideologías que obstaculizan los proyectos mineros.

La historiadora Cecilia Méndez lo vio mucho antes. Es simple: Incas sí, indios no. Machu Picchu sí, Arguedas no. No es lo mismo enorgullecerse de un inca muerto que de un indio vivo.

Carlos Cabanillas

Besos Posibles

De lo innecesario del photoshop a la hora de hablar de alianzas políticas

El beso Brézhnev-Honecker

La última campaña de Benetton sugiere que hay alianzas imposibles entre algunos de los principales líderes del mundo. Parte de una idea común entre muchos electores: hay políticos que solo pueden estar juntos a través del photoshop.

La realidad nos dice lo contrario. Las relaciones comerciales entre países antagónicos son públicas y sostenidas. Por ejemplo, entre los mismos protagonistas de la campaña publicitaria de esta marca de ropa. Los políticos, como las galaxias, tienden a acercarse hasta confundirse. Se abrazan con frecuencia, se besan con efusividad y se estrechan la mano de forma indiscriminada. Si de algo ha servido históricamente el photoshop y demás artimañas de edición ha sido para separarlos.

La historia también lo constata. En el fabuloso libro El pacto con el diablo el periodista alemán Sebastian Haffner explica de forma detallada los acercamientos entre Alemania y Rusia, desde 1917 hasta 1941. Una serie de alianzas aparentemente contranatura. Sobre todo para quienes creen que existen identidades naturales.


El beso Fujimori-Humala

Este comportamiento se inscribe dentro de lo que Max Weber llamó la ética de la responsabilidad. Ésta se basa en negociar y pensar en el largo plazo. Implica distinguir entre los medios y los fines, sabiendo que los primeros pueden cambiar siempre y cuando los segundos se mantengan incólumes. El político, entonces, es quien analiza escenarios particulares a través de la “racionalidad instrumental”. Es quien sabe, siguiendo a Maquiavelo, que a veces “hacer el mal” nos lleva a lo correcto (y a veces “hacer el bien” nos lleva al suicidio). Para él no hay alianzas prohibidas porque “la política es el arte de lo imposible”. El riesgo en ese escenario es perderse en el camino hacia la meta. O no tenerla y ser simplemente un tránsfuga.

Por supuesto, este accionar se opone a la ética de la convicción. Weber incluye aquí a quienes deciden a través de argumentos morales. A los principistas e idealistas. A quienes, finalmente, no buscan el consenso ni la negociación. El peligro aquí es el de la militancia dogmática. El del autoritarismo, la intransigencia y la búsqueda de cierta “pureza”.

El aprendizaje político consiste en pasar de una ética a la otra. Un curso acelerado que muchos tuvimos que llevar entre la primera y la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales.

Alguien que claramente ha dado ese salto cualitativo ha sido Mario Vargas Llosa. Durante la campaña electoral de 1990 rechazó reunirse con Alan García (el intermediario habría sido Pipo Thorndike, según lo cuenta el último libro de Alfredo Barnechea). Años después, aceptó entrevistarse con él durante 40 minutos, dejando de lado sus arcadas morales. Pero lo hizo sin perder de vista los límites de su apoyo. Es decir, sin sacrificar los fines por los medios.

El beso Taylor-Zira

Para entender su proceso de maduración vale la pena regresar a El pez en el agua. Por ejemplo, al epígrafe, precisamente de Weber:

También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando.

Parafraseando al poeta, es difícil madurar políticamente. Pero se aprende.

Carlos Cabanillas

Tocando las puertas del cielo

Bob Dylan se cuela entre los favoritos al Nobel de Literatura 2011. Mañana se acaba el misterio.

Hace tiempo que Bob Dylan dejó de ser solo un cantante, músico o compositor. Para algunos ignorantes es un ex fumón con breves momentos de lucidez musical. Para otros es un poeta que recupera la majestad de esa palabra.

De allí que la sorpresa haya sido breve cuando en el 2007 recibió el premio Príncipe de Asturias (“por una obra que ha determinado la educación sentimental de millones de personas”) y en el 2008 el Pulitzer (“por su profundo impacto en la música y la cultura popular americana, gracias al poder poético de sus composiciones”).

A horas de que se eliga al sucesor de Mario Vargas Llosa, Bob Dylan de solo 70 añitos, cinco décadas de trayectoria, 34 discos y 8 nominaciones al Nobel de Literatura, vuelve a rodar como uno de los candidatos para ser el máximo exponente de las letras a nivel mundial.

¿Eso es posible? Winston Churchill recibió el premio Nobel de Literatura en 1953.

¿La edad es un factor? Kipling lo recibió a los 42 años en 1907. Doris Lessing, a los 88 años en el 2007.

¿La ideología o tendencia política del autor importa? Siempre se pensó que sí. Y el ejemplo favorito para los latinoamericanos era el galardón recibido por Gabriel García Márquez en 1982. Sin embargo, y a pesar de la gran elipsis, la reciente elección de Mario Vargas Llosa le quita fuerza a esa hipótesis.

¿Alguna instancia superior se lo podría impedir como sucedió en 1958 con Boris Pasternak, quien luego de aceptarlo tuvo que rechazarlo por presiones del gobierno ruso? Imposible.

¿Habrá temor de que, como Sartre en 1964, primero lo rechace y luego, urgido, pida el billetón? Difícil.

¿Miedo a un desplante porque se sabe que Dylan usa como escudo vital una especie de fobia social? No fue impedimento para dárselo en el 2004 a Elfriede Jelinek, quien días después de la ceremonia oficial recibió el premio en la embajada sueca en Viena (ella es austriaca).

Y ya que se habla de ausencias, también podría imitar al inimitable Samuel Beckett. Quien, como sus personajes teatrales, esperó. No a Godot pero sí a un emisario que fue enviado a recibir el codiciado premio en 1969.

Precisamente este ejemplo fue citado como alternativa por la académica danesa Anne-Marie Mai, quien en el 2009 rompió el silencio que Estocolmo impone para hablar de los candidatos. Ella, rebelde, alzó la voz para cantar el nombre de Dylan, a quien calificó como un “poeta contemporáneo de primer orden”.

Mai, quien también dijo que los textos de Bob estaban llenos de belleza, fuerza e inquietud, situándolos al nivel de Pushkin, Baudelaire y Whitman, hizo tamaña revelación luego de que un miembro del comité literario de la Academia Sueca abriera la bocota.

¿Qué dijo Horace Engdahl? Según la traducción consignada por Silvina Friera en el diario argentino Página 12 dijo lo siguiente: “Estados Unidos es demasiado insular, está demasiado aislado. No traducen lo suficiente y no participan en el gran diálogo de la literatura. Ese tipo de ignorancia los limita. Son demasiado sensibles a las modas de su propia cultura de masas”.

Tremendo cachetadón no fue suficiente para Engdhal. Así que reclamó la otra mejilla: “Obviamente en todas las grandes culturas hay literatura sólida, pero no se puede obviar el hecho de que Europa sigue estando en el centro del universo literario mundial y no Estados Unidos”.

Esto fue lo que provocó la reacción de la danesa Mai, quien al candidatear a Dylan también borró a la gran literatura norteamericana actual. Que, para que no se asusten los amantes de lo clásico, tiene representantes de la trascendencia y representatividad para el Nobel 2011 como Cormac McCarthy, Don DeLillo y Philip Roth.

SÍNDROME DE ESTOCOLMO
Desde 1901 la Academia Sueca ha entregado 103 premios Nobel de Literatura (aunque son 107 los ganadores porque en 4 ocasiones el premio fue para dos personas).

El proceso de selección comienza en septiembre del año anterior. Cuando la Academia Sueca envía entre 600 y 700 invitaciones a personas y organizaciones que ellos consideran calificadas para nominar a un candidato. Hasta febrero se reciben las postulaciones. Las mismas que son procesadas durante dos meses. En abril solo se mantienen entre 15 y 20 candidatos. En mayo quedan cinco finalistas. Entre junio y agosto se lee su obra y cada miembro del comité prepara reportes individuales. En setiembre se reúnen para discutir y sopesar méritos. A inicios de octubre se anuncia el ganador. El 10 de diciembre Estocolmo lo recibe y lo baña en gloria. Como sucedió con Mario Vargas Llosa.

Las casas de apuestas, como Ladbrokes, BetUs y Victor Chandler, aprovechan la incertidumbre, curiosidad y codicia para establecer los candidatos de cada año. Y Dylan aparece como el gran as bajo la manga para la edición 2011.

Su candidatura (cuya postulación incluso tiene página en facebook) recuerda a Freud. Quien fue nominado 12 veces para el premio Nobel de medicina hasta que en 1929 un experto convocado por el Comité concluyó que su obra no tenía valor científico. Y sanseacabó. (Juan Carlos Méndez. Publicado en Caretas 2199).

El Huracán Nobel

Mercedes González, editora en el Perú de Vargas Llosa, detalla los cambios provocados por el galardón literario. Y anuncia nuevo libro para enero 2011.

Caretas: ¿Cuánto subieron las ventas luego del anuncio del premio?
–Mercedes González: Muchísimo. Más de un 50% en sus libros en general. “El sueño del Celta” vendió 100% más que el anterior, “Travesuras de una niña mala”. De 20 mil pasamos a 40 mil ejemplares.

–C: ¿Cómo cambió su agenda internacional?
–M.G.: Radicalmente. El último año no sé cómo ha sobrevivido. No ha parado de viajar por el mundo entero. Y se ha multiplicado por la cantidad de conferencias que le han pedido dar. Además de homenajes y premios.

–C: ¿Cómo ha afectado la piratería al Nobel?
–M.G.:Terroríficamente, como siempre. Por cada original suyo se venden 10 piratas. Con su última novela es probable que esa cifra se haya duplicado.

–C: ¿Gracias al premio pasó de ser un escritor iberoamericano a uno global?
–M.G.: Se le había traducido mucho y era conocido por las clases cultas en todas partes. Luego del premio se ha hecho bastante conocido a nivel popular y ahora es leído en todos los niveles.

–C: ¿Cuánto pueden subir los derechos por un autor del nivel de VLL luego del Nobel?
–M.G.: Un 100% seguramente. No tengo montos pero los agentes comentan que piden más y se lo pagan porque es el Nobel. La noticia se recibió precisamente en la Feria de Frankfurt, el lugar más importante a nivel de compra y venta de derechos mundiales. Allí empezó el negocio. Felizmente nosotros ya habíamos negociado y teníamos todo firmado.

–C: ¿Preparan algún nuevo lanzamiento?
–M.G.: Tengo una primicia total y absoluta. En enero va a salir a la venta el ensayo del que tanto ha hablado: “La cultura del espectáculo”. Todavía no tengo ni el libro, ni la carátula porque lo está terminando de corregir. Pero se publicará en enero. (JCM).

Más información, menos periodismo (I)

Foto: antiprensa.pe

El Premio Nobel de Literatura 2010 no necesita que lo defiendan. Por eso –y porque no tengo claro el tema de los estudios citados– obviaré el argumento de los cambios cognitivos como consecuencia del uso de internet. Sorprende, sin embargo, que quienes más defienden la libertad irrestricta de opinar en la web le enrostren a MVLL su incapacidad para hablar sobre temas de neurología e internet. No sorprende tanto, en cambio, que parte de nuestra élite ilustrada se complazca a sí misma argumentando que, después de todo, la alta cultura siempre ha sido minoritaria y que la imprenta es solo un hipo en nuestra milenaria historia oral. Menospreciar por elitista a la cultura escrita en un país desarrollado, vaya y pase. Pero en una realidad con tan miserables niveles de comprensión de lectura (no es la cantidad ni la calidad de libros, sino cuánto se comprende) y un mundo letrado tan débil, es poco menos que reaccionario.  Porque si existe algún proceso pendiente de democratización en el país es precisamente el de la escuela pública, que pasa por el libro.

Pero internet representa otra amenaza, mucho más concreta y comprobable. Es la amenaza a un sistema de comunicación con editores, contrapesos y controles de calidad.

En esta primera entrega, vale la pena abordar ese gran mito que es la noción de periodismo ciudadano y su potencial democratizador. Es decir, la promesa de outsiders del sistema noticioso que reproducen la información relevante que los desprestigiados medios tradicionales no cubren.

Es cierto: la concentración de medios en grupos empresariales transnacionales ha concentrado también las agendas informativas. Pero los llamados nuevos medios no escapan necesariamente a las grandes tendencias. Veamos, por ejemplo, el caso peruano.

Los blogs y las redes sociales mantienen una cierta relación simbiótica con los medios tradicionales. Parasitaria, en muchos de los casos. De ida y vuelta, los contenidos van de las redes a la prensa y de la prensa a las redes. “Todos tenemos voz”, dicen los entusiastas de la mitología 2.0. Pero no todas las voces merecen ser escuchadas.  Además, sería imposible. Y es aquí donde la democracia directa se vuelve representativa. Porque cuando la sabiduría de las masas se hace escuchar, no se entiende nada. En el mar democratizante de internet, algunos son más iguales que otros. Debajo de las redes sociales virtuales, priman las redes sociales reales. Detrás de los hipervínculos, mandan los vínculos y las amistades. Los agregadores y rebotadores que están realmente conectados se encargan de repetir, citar, linkear y, a veces, generar los contenidos que creen relevantes. Y la prensa tradicional, finalmente, se encarga de legitimar y consagrar a quienes –ya alineados editorialmente- consideran relevante (cuando un periodista entrevista en vivo y dice “la gente en twitter se pregunta”, en realidad se refiere a una élite twittera, mayormente conformada por comunicadores y formadores de opinión). De forma simultánea, invisibilizan a los otros, que en no pocos casos son los verdaderos autores del destape o la noticia en cuestión. Finalmente, esos no-contactados por la prensa pueden aún aspirar a un escalafón de honor: hacer verdadero reporterismo ciudadano. Una escala menor en el ya bajo sueldo de los sufridos practicantes. Y una esperanzadora forma de alimentar el mito democrático de que todos son escuchados.

Por si fuera poco, las discusiones en redes sociales y blogs no suelen promover verdaderos debates. A los que discrepan se les ignora, censura o expulsa. Las campañas y causas virales se encargan de covencer a los ya convencidos, y la gran mayoría tiende a buscar información que ratifique sus opiniones antes que cuestionar sus prejuicios. El eterno plebiscito popular del “I like” se encarga de legitimar los argumentos ad populum. La libertad, eso sí, es innegable: uno pregunta lo que quiere y el otro responde lo que se le antoja.

Pero vale la pena abordar un caso concreto. Octubre del 2006. El affaire Federico Danton. El consenso en redes sociales y blogs sugiere que fue ahí donde los blogs llenaron el vacío de la prensa tradicional. Que la información alternativa no tenía por dónde salir, y que este episodio significó la partida de nacimiento de la blogósfera. Esto es parcialmente cierto. Yo mismo pensé que los blogs cubrían cierta demanda insatisfecha por los medios tradicionales, como se consignó en una  nota de Paola Ugaz para la revista Ideele. Pero el caché nunca miente: los grandes medios sí tocaron el tema. La misma noche de la denuncia de La Primera (¿existe algo más tradicional que un destape de César Hildebrandt?), Josefina Townsend y Jimena de la Quintana comentaron la noticia en Canal N. Días después, el semanario Caretas le dedicó una portadaOtro detalle: los blogs que más tocaron el caso fueron bitácoras creadas por periodistas.

Cosa curiosa: fue un blogger -en ese entonces ajeno a los medios- quien dijo que todo no era más que un chisme sin validez periodística.

Se sigue repitiendo la noción de que las mayores denuncias durante el segundo gobierno de Alan García fueron aireadas por los blogs y las redes sociales. Pero basta con mirar de cerca el caso Petroaudios, el escándalo más grande del quinquenio. Empezó con el periodista Fernando Rospigliosi, y llegó a nosotros a través de canal 4. A menos que se considere a Tomasio y Ponce Feijóo como periodistas ciudadanos, esto no es más que otra denuncia ventilada por los grandes medios. Pero, ¿y si lo fueran? ¿Y si, estirando los conceptos, Tomasio y Ponce Feijóo fueran los verdaderos “periodistas ciudadanos” en esta historia? (Carlos Cabanillas)