Derecha Bruta, Derecha Achorada

Breves apuntes sobre el liberalismo peruano

Tafur y Mariátegui

Cómo estará de mal la izquierda peruana que su mayor representante mediático es hoy Juan Carlos Tafur, desde el otro lado de la orilla ideológica. El periodista acuñó el término “derecha bruta y achorada” para tipificar a quienes promovían una campaña sucia contra la hoy alcaldesa. El principal acusado fue Aldo Mariátegui, a quien Tafur sindicó como “el líder de opinión de la DBA”. Lo secundó Augusto Álvarez Rodrich, quien se ha encargado de popularizar las siglas en prensa y redes sociales: DBA. No son los únicos. Rosa María Palacios y Pedro Salinas (quien se autodenomina parte de la “derecha caviar”) también han utilizado el hashtag.

Pero el término es un sinsentido por donde se le mire.

Primero, porque no distingue diferencias ideológicas o sustanciales. Si se trata de acusar a una derecha antidemocrática, bien podríamos proponer un concurso NMM: enumere cuántos miembros de esa derecha (BA o no) han colaborado con nuestra última dictadura, el fujimorismo. Con la honrosa excepción de Pedro Salinas, ¿no estamos ante una mera diferencia de estilo (es decir, de “achoramiento verbal”)?

Y si se trata de una simple diferencia de estilos, ¿qué es preferible en tiempos de un mal entendido pragmatismo, transfuguismo y candidatos “independientes”? Mientras el mundo persiste en tener partidos conservadores, radicales, republicanos y demócratas aquí se sigue hablando del fin de las ideologías.

Vale la pena agregar un paréntesis: ¿cuándo perdió sus dientes la izquierda peruana? Luego de sus indefendibles coqueteos con SL y el MRTA, la izquierda mediática cae en el error opuesto: abandonar las batallas. Antes “la izquierda era la agresiva y los liberales éramos las señoritas de la clase”, recuerda el director de Correo. El mismo Mariátegui reconoce como una de sus influencias al diario Liberación de César Hildebrandt. Hoy el semanario de Hildebrandt es una solitaria terquedad entre chalinas verdes y simple ineficiencia. La prensa combativa de hoy es la de ultraderecha. Es la del fujimorismo en Willax, radio La Exitosa y Avanzada (la empresa que maneja el delincuente Carlos Raffo con la colaboración de su portátil digital).

Volviendo a la pregunta: ¿es realmente preferible un encaletado encaje naranja antes que una frontal Martha Chávez? Definitivamente no.

Pero el problema principal con el término DBA es su inexactitud.

El periodista dice que la DBA “no conoce la historia del Perú“. Sin embargo, cualquiera que haya revisado la génesis de la república reconocerá que la llamada DBA no hace sino seguir los lineamientos de la añeja tradición del liberalismo peruano.

En Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano, por ejemplo, Jorge Basadre recuerda la primera constitución liberal (1823) y a los primigenios liberales locales: el sacerdote Francisco Javier Luna Pizarro y Francisco Javier Mariátegui (abuelo del Amauta). Luego, las primeras generaciones liberales se opusieron a un autoritarismo monárquico. Pero evitaron colisionar con la iglesia, y finalmente apoyaron los arreglos del civilismo. Además, “retrasaron la abolición de la esclavitud” y otras reformas políticas. Las siguiente generaciones liberales proscribieron a los partidos en favor de los electores “notables”. No es casual que dos de los mayores estudiosos del liberalismo peruano hayan sido el fascista Carlos Miró Quesada Laos y Raúl Ferrero Rebagliati, reciéntemente homenajeado por el congreso a propósito de su centenario. Ferrero, autor de El liberalismo peruano. Contribución a una historia de las ideas (Lima, 1958) fue uno de los más arduos opositores al sufragio universal (y defensor del voto solo para la “gente de razón”).

El politólogo Norberto Bobbio explica lo que a las generaciones más jóvenes se les hace extraño: que el liberalismo y la democracia son dos tradiciones opuestas. El liberalismo es una concepción moderna del estado que busca limitar sus funciones. La democracia, en cambio, es una antigua tradición que pretende distribuir el poder en muchas manos y lograr la participación directa en las decisiones colectivas. Según Bobbio, históricamente el liberalismo ha florecido en sociedades con participación restringida, limitada sobre todo a las clases altas. Y la tendencia al sufragio universal es su gran amenaza.

Volvamos a la DBA. Sucede simplemente que Tafur confunde liberalismo con democracia liberal. La segunda recién apareció en el Perú con el Fredemo, y terminó engendrando al hijo deforme del fujimorismo (que finalmente siguió la fórmula del histórico liberalismo peruano: priorizar un estado mínimo antes que un estado de derecho).

Antes de soñar siquiera con un partido liberal demócrata, conviene saber de dónde vienen ambas tradiciones (liberalismo y democracia). Y mirarse al espejo.

Carlos Cabanillas

Inteligencia Militar

Guardianes y reyes filósofos: la alianza Humala-Vargas Llosa
 

La entente Humala-Vargas Llosa

“Los peruanos no necesitamos un filósofo ni un pensador, sino un gerente que sea capaz de resolver y ejecutar las obras.”

                Keiko Fujimori. Junio del 2009

 

La raíz del miedo a una militarización está en una inevitable pregunta ancestral: ¿quién es el más apto para gobernar? El presidente Ollanta Humala ha extendido la pregunta hasta la República de Platón.  Su reciente invocación a “los guardianes socráticos” es una libre interpretación del rol de los militares como protectores del estado.

Pero el dilema se mantiene en pie. ¿Quién es el llamado a liderar esa república? Para Platón es el rey filósofo. Solo él tendría la virtud y la capacidad de estar al mando de “la nave” del estado. La sofocracia platónica se plantea, a grandes rasgos, como una alianza indispensable entre el filósofo y los guardianes (es decir, los guerreros).            

En la Lima actual, pocas propuestas políticas ahuyentarían más a la ciudadanía que una alianza entre intelectuales y militares.

El miedo a la militarización nos dice que un general es lo opuesto a un ser racional. Que quien usa las armas no lee, no discute y no sabe lidiar con las discrepancias. Ejemplos ha habido muchos. Pero se trata, finalmente, de una generalización gruesa. Lo más divertido es que ese lugar común se reproduce en las redes sociales, reino del maniqueísmo y la intolerancia donde hasta el más reflexivo se ve reducido a una burda polarización: me gusta o no me gusta, follow o unfollow, amigo o enemigo.

La historia y la geopolítica lo demuestran. El falso oxímoron “inteligencia militar” no pasa de ser una humorada de Groucho Marx. Pocas instituciones en el país han convocado a tantos intelectuales a sus filas como el CAEM. Para bien y para mal.

Pero el miedo a los intelectuales en el poder es aún mayor. Se les acusa simultáneamente de ser abstractos (como a Bustamante y Rivero) y de tener ideas peligrosas (como a Vargas LLosa). El caso más radical es el de Abimael Guzmán. En su libro Qué difícil es ser Dios. El Partido Comunista del Perú–Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980-1999 (IEP, 2010), Carlos Iván Degregori precisa que “nunca hubo un movimiento armado en América Latina que diera tal importancia al componente intelectual de su propuesta y a la condición de intelectual de su jefe máximo, el doctor Abimael Guzmán, entronizado en afiches y pinturas con todos los atributos del intelectual: anteojos, terno y libro bajo el brazo”. Para Degregori, Guzmán es el “rey filósofo (que) buscó aliarse con los bárbaros, no para destruir la ciudad letrada sino para tomar el poder dentro de ella con el fin de resaltar todavía más la distinción entre letrados y bárbaros”.

Por eso la reciente alianza entre Ollanta Humala y Mario Vargas Llosa sorprende y genera terror en cierta clase alta limeña. Además, confunde. Se trata de una relación en la que se han invertido los roles clásicos. En este caso en particular, el intelectual es el guardián. Es él quien articula la narrativa de las decisiones que toma el “rey militar”. Hubo antecedentes similares en la historia contemporánea. Quizás el más notorio fue el de Juan Velasco Alvarado leyendo los alambicados discursos del sociólogo de Cornell, Carlos Delgado. También podría mencionarse el pedido de renuncia dirigido a Leguía que el propio Bustamante y Rivero le ayudó a escribir a Sánchez Cerro.     

Pero la entente Humala-Vargas Llosa es única. Primero, porque intenta liderar un gobierno democrático. Y segundo -y esto sí es profundamente platónico- porque se trata de una alianza entre líderes con una doble formación. Por un lado, Vargas Llosa ha sido disciplinado bajo la férrea estructura militar del Colegio Leoncio Prado. Por el otro, Humala ha sido obligado a peinar la biblioteca sanmarquina de su padre, Isaac Humala. Basta una mirada a la historia de la célula Cahuide para comprender lo entrelazadas que están ambas familias. Y lo mucho que ambos se parecen entre sí, no solo cuando corren por las mañanas.

Carlos Cabanillas

El Ravinismo

Lo que tienen en común Luis Favre y Fernando Rospigliosi

   

Ravines, acuarela de Chalo Guillén

Berlín, 1929. Eudocio Ravines Pérez, el ex miembro de una primigenia célula aprista, ha sido enviado por la Komintern para hablar con Haya de la Torre. Debe evitar un enfrentamiento entre el APRA y el socialismo de Mariátegui. Meses antes lo había intentado hacer infructuosamente César Vallejo.

Pero todo intento es inútil. La historia la cuenta el propio Ravines en The Yenan Way (Random House, 1952). El líder aprista había sido seducido por la parafernalia del nacionalsocialismo. Antes, en 1924, Haya había clavado la primera bandera “indoamericana” del aprismo bajo el influjo de la “raza cósmica” del mexicano José Vasconcelos. Ese mismo año pasó por la U.R.S.S., y en febrero de 1927 rompió definitivamente con el comunismo (pero no con el marxismo). Un año después, en 1928, Mariátegui fundaría el Partido Socialista Peruano.

Eso quiere decir que el mapa ideológico peruano se termina de definir en 1929. Al año siguiente del encuentro en Berlín los caminos de Haya y Ravines se separarían para siempre. En mayo de 1930, deiciséis días luego de la muerte de Mariátegui, Ravines funda el Partido Comunista Peruano. En setiembre del mismo año Haya funda el APRA en el Perú.

Pero, ¿qué pasó en Berlín? Es allí donde empieza la historia del fundador del comunismo y el anticomunismo en el Perú, del primer tránsfuga, del primer peruano que vivió veinte años en la izquierda y veinte en la derecha.

Caricatura de Ravines en el libro Detrás de la máscara, de Marilucha García Montero

Lo que le pasó a Ravines en Berlín quizás sea lo mismo que le pasó a Fernando Rospigliosi en algún momento de su vida. Y no solo a él. La lista es larga, e incluye a muchos integrantes de la llamada generación del 68. A varios de Vanguardia Revolucionaria, como los hoy pro mineros Dante Vera, Gilberto Hume y el propio Rospigliosi. A Luis Favre (también conocido como Felipe Belisario Wermus), ex trotskista parisino según la izquierda peruana. Y según esa misma zurda a César Humberto Cabrera, ex miembro del trotskista Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y hoy Director Regional de Asuntos Gubernamentales y Políticas Públicas de Yanacocha. Pero, ¿cómo se pasa de creer en el maoismo y la lucha armada a defender el espionaje para la Embajada de los Estados Unidos?

Como sucede con las enfermemdades extrañas, los síntomas del viraje fueron bautizados en honor a su primer paciente.  Juan Gargurevich lo llamó ravinismo.

Según los entendidos, Ravines fue un caso clínico. En Detrás de la máscara, ‘Marilucha’ García Montero lo describe como un eterno “monje sin iglesia” que pasó de beato a aprista, de amigo de Haya a socialista, de socialista a comunista, de agente de la Komintern a agente de la CIA y a cazador de comunistas. Como dice Hildebrandt sobre Rospigliosi, “un extremismo solo se olvida adoptando otro”. Con el mismo fervor y el mismo encono.

En la biografía intelectual Perú, país de metal y melancolía (Fondo de Cultura Económica, 2011), uno de los libros del año, Alfredo Barnechea le atribuye a Ravines algunos hitos históricos. El entonces comunista participó en la guerra civil española bajo el pseudónimo de Leopardi, e incluso habría colaborado con la cheka que asesinó a Nin y a Durruti. Años después -durante su exilio mexicano y ya militando en el anticomunismo- combatió a los sandinistas en favor de Somoza.

El Aprocalipsis de Guillermo Osorio. Ravines es 'La Intriga'

¿Por qué Ravines y todos sus seguidores se pasaron al otro lado del Muro? Barnechea ensaya una teoría. Como muchos comunistas, no pudo soportar las sucesivas purgas stalinistas y los abusos. Tampoco la alianza contranatura entre Stalin y Hitler. Su historia es la del desencanto de un hombre que, en el fondo, era religioso. No toleró los varios niveles de grises que tiene  la política, lo que lo llevó tempranamente a abrazar el cinismo del todo o nada. 

Y quizás fue en el Berlín de 1929 donde Ravines tuvo su primera gran desilusión. Lo que allí vio lo contó en su libro de memorias, The Yenan Way (luego conocido como La Gran Estafa). La edición 73 del semanario Hildebrandt en sus Trece publica precisamente ese extracto.

Carlos Cabanillas

Besos Posibles

De lo innecesario del photoshop a la hora de hablar de alianzas políticas

El beso Brézhnev-Honecker

La última campaña de Benetton sugiere que hay alianzas imposibles entre algunos de los principales líderes del mundo. Parte de una idea común entre muchos electores: hay políticos que solo pueden estar juntos a través del photoshop.

La realidad nos dice lo contrario. Las relaciones comerciales entre países antagónicos son públicas y sostenidas. Por ejemplo, entre los mismos protagonistas de la campaña publicitaria de esta marca de ropa. Los políticos, como las galaxias, tienden a acercarse hasta confundirse. Se abrazan con frecuencia, se besan con efusividad y se estrechan la mano de forma indiscriminada. Si de algo ha servido históricamente el photoshop y demás artimañas de edición ha sido para separarlos.

La historia también lo constata. En el fabuloso libro El pacto con el diablo el periodista alemán Sebastian Haffner explica de forma detallada los acercamientos entre Alemania y Rusia, desde 1917 hasta 1941. Una serie de alianzas aparentemente contranatura. Sobre todo para quienes creen que existen identidades naturales.


El beso Fujimori-Humala

Este comportamiento se inscribe dentro de lo que Max Weber llamó la ética de la responsabilidad. Ésta se basa en negociar y pensar en el largo plazo. Implica distinguir entre los medios y los fines, sabiendo que los primeros pueden cambiar siempre y cuando los segundos se mantengan incólumes. El político, entonces, es quien analiza escenarios particulares a través de la “racionalidad instrumental”. Es quien sabe, siguiendo a Maquiavelo, que a veces “hacer el mal” nos lleva a lo correcto (y a veces “hacer el bien” nos lleva al suicidio). Para él no hay alianzas prohibidas porque “la política es el arte de lo imposible”. El riesgo en ese escenario es perderse en el camino hacia la meta. O no tenerla y ser simplemente un tránsfuga.

Por supuesto, este accionar se opone a la ética de la convicción. Weber incluye aquí a quienes deciden a través de argumentos morales. A los principistas e idealistas. A quienes, finalmente, no buscan el consenso ni la negociación. El peligro aquí es el de la militancia dogmática. El del autoritarismo, la intransigencia y la búsqueda de cierta “pureza”.

El aprendizaje político consiste en pasar de una ética a la otra. Un curso acelerado que muchos tuvimos que llevar entre la primera y la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales.

Alguien que claramente ha dado ese salto cualitativo ha sido Mario Vargas Llosa. Durante la campaña electoral de 1990 rechazó reunirse con Alan García (el intermediario habría sido Pipo Thorndike, según lo cuenta el último libro de Alfredo Barnechea). Años después, aceptó entrevistarse con él durante 40 minutos, dejando de lado sus arcadas morales. Pero lo hizo sin perder de vista los límites de su apoyo. Es decir, sin sacrificar los fines por los medios.

El beso Taylor-Zira

Para entender su proceso de maduración vale la pena regresar a El pez en el agua. Por ejemplo, al epígrafe, precisamente de Weber:

También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando.

Parafraseando al poeta, es difícil madurar políticamente. Pero se aprende.

Carlos Cabanillas

Memorias de una Máscara

Caretas libertarias, roles conservadores. El caso de Anonymous

 

Guy Fawkes

Ayer fue 5 de noviembre, una fecha importante para Anonymous. Una mirada a su agenda de ataques DDos (Distributed Denial of Service) revela un ideario errático y contradictorio. En el 2008 ayudaron a detener la difusión de pornografía infantil. En el 2009 subieron videos pornográficos a YouTube con tags como “Jonas Brothers”. Demostrando su tolerancia, atacan a la cienciología por vivir del dinero de sus fieles, pero callan ante el sistema análogo que sostiene a otras religiones. Apoyan iniciativas como Occupy Wall Street, pero comparten un mismo lema con el Oregon Tea Party. Se enfrentan a Bank of America, Visa y Mastercard a través de Operation Payback. Simultáneamente, le hacen ganar millones de dólares a Warner Bros (Time Warner) gracias a la venta de la ya célebre máscara que los protege.

Se presumen libertarios, pero no defienden ni la libertad individual ni los derechos del individuo sobre sí mismo. Coquetean con el anarcocolectivismo, pero no promueven el fin de ningún Estado. Tienen un lema que de tan ambiguo termina siendo inofensivo: We are Anonymous. We are Legion. We do not forgive. We do not forget. Expect us.

¿Qué es lo que no perdonan y qué es lo que no olvidan? Nadie lo dice. Porque Anonymous dice ser una multitud que -como internet- no tiene liderazgos ni jerarquías. Quizás por eso no ha logrado articular una propuesta política o ideológica consistente. Son personas con acceso a internet y a una computadora personal. Son ciudadanos del mundo que pueden hacer colapsar cualquier página web que no coincida con lo que ellos entienden por “libertad de expresión” o “información libre”. Son gente que protesta airadamente cuando un gobierno como Turquía, Túnez, Irán, Egipto o Chile expresa su deseo de revisar las redes sociales. Pero que calla ante el ojo de la CIA o de las empresas privadas que lo monitorean todo en Facebook, Twitter y Google.

Anonymous no se enfrenta a ninguno de los que Ollanta Humala llama “los poderes fácticos”. Pero si de algo sirve su lucha es para legitimar el activismo en redes como una especie de autorregulación controlada. Es la encarnación de lo que algunos llaman “el sistema”, corrigiendo sus propios errores.

Y todo esto lo hace detrás del rostro de un fanático religioso. Una máscara que ha sido re apropiada y resemantizada a partir de la película V for Vendetta (2006), pero que finalmente representa a un ex servidor de la corona española que quiso imponer una teocracia católica en la Inglaterra del siglo XVII. Un ultra conservador, políticamente hablando.

Sucede que a veces, como en el teatro griego, la máscara no sirve para ocultar una identidad. Sirve, en cambio, para revelar el carácter de quien la usa.

Carlos Cabanillas

Guía Súmmum de la Corrupción

Y un breve repaso histórico al darwinismo culinario peruano

Sibarita Omar Chehade. Foto: La República

La ruta del sabor tendría que incluir algunas paradas de rigor. Primero, la Costanera 700 de Humberto Sato, un favorito del ex presidente que popularizó la yuca y el bacalao. De las reparadoras facultades de su chita a la sal puede dar fe el ex desahuciado José Enrique Crousillat. Pero antes, un sabroso entremés: unas conchas negras para sacarle punta al lápiz en el restaurante chiclayano Fiesta. Ya hablamos de él en un post anterior, pero el clásico cebiche caliente en el salón Mantilla amerita repetir el plato. El tour no puede seguir sin una infaltable visita a La Bonbonniere de San Isidro. Hasta Alberto Quimper se dio una escapada de su casa en Miraflores con tal de probar uno de sus célebres bizcochos. Y de paso ir al baño. Finalmente, Brujas de Cachiche. Cebiche todos los días del año y sours de todo calibre. Donde nadie puede quedarse solo y sin mesa, a decir de Omar Chehade, protagonista de un peculiar entripado culinario.

Por supuesto, la ruta está incompleta y trasciende al comepollo o al comeazúcar (¿la multiplicación de los panes de Canaán fue en el Perroquet o en el bar inglés?). Luego de leer el libro La Academia en la Olla. Reflexiones sobre la comida criolla (USMP, 1995), está claro que el fenómeno es de larga data. ¿De cuando Odría ganó las elecciones repartiendo azúcar, pan y frejoles en la barriada, como recuerda Antonio Cisneros? Antes. Incluso más allá de Felipe Adán Mejía, Rosita Ríos y Manuel Atanasio Fuentes. Más o menos de cuando la iconografía Moche demostró cómo una cultura sensualizaba a la otra a través de potajes. Allí están los huacos que representan uñas de cangrejo y escargots. Langosta, cangrejo, calamar, corvina, lenguado, pulpo, conchas negras, pez espada, lobos marinos, taruca, sajino. Todo con tal de no ser exterminado.

Porque ésa es una de las conclusiones del libro: que nuestro celebrado mestizaje no es más que una darwiniana adaptación a las circunstancias. Una lección de acomodamiento a partir de lo que hay. Una seguidilla de banquetes para congraciarse con el de arriba. Los indios con el Inca (maíz, papa), los incas con los conquistadores (llamas cargando alforjas repletas), los peruanos con los chilenos (vino). Siempre hubo holganza de comida en las casas solariegas.

De cuando en cuando había comilonas en la casa cuzqueña del padre de Garcilaso de la Vega, el conquistador homónimo y padre del mestizo. El que recibía a Pizarro y Carbajal con las manos llenas. Esta es una historia de sobrevivencia a partir de las sobras y de arte hecho del desperdicio. El tacu tacu, los anticuchos de corazón. Es el relato de ese pueblo borracho a punta de cañazo que divisó Darwin en 1850.

Pero, sobre todo, es la constante certeza, repetida una y otra vez, de que el milagro de San Martín de Porres es laico. Porque si algo sabe hacer el peruano es dividirse. Pero, a la hora del bitute, todos almuerzan tranquilamente de un mismo plato. Perro, pericote y gato. Porque como dijo el héroe Quiñones, los peruanos tenemos derecho a comer rico.

Carlos Cabanillas

Fútbol y política en Perú: una historia de desencuentros

1936. Olimpiadas de Berlín. Perú vence en primera ronda a Finlandia –11 leñadores que por entonces jugaban al fútbol con palitroques- por 7-3, gracias a cinco goles de ‘Lolo’ Fernández y uno de ‘Manguera’ Villanueva. El siguiente partido fue disputado con el equipo B de Austria, que nos ganaba por 2-0 hasta el minuto 75 y al que le volteamos el partido anotando cuatro goles en el último cuarto de hora. El detalle es que en las postrimerías del partido, aun con empate en el marcador, algunos hinchas peruanos invadieron el gramado e incluso golpearon a tres jugadores austriacos de tal manera que no pudieron seguir jugando (y recordemos que en esa época no se admitían cambios). La FIFA dictaminó que el partido debía repetirse y el gobierno dictatorial del general Benavides ordenó a la delegación peruana retirarse del torneo, gracia que nos costó estar desafiliados del ente rector durante dos décadas. Ahí también comenzó el mito de que Hitler nos había eliminado por cuestiones raciales, que le ganamos al poderoso ‘Wunderteam’ de Sindelar, que nuestra actuación en Berlín había sido portentosa. Todas patrañas, como ha demostrado Luis Carlos Arias Schreiber. Y es que toda victoria moral siempre está sustentada por una mentira.

1952. Otro símbolo de nuestro gorilismo militar, el general Manuel Apolinario Odría –quien estampó para la historia aquello de “la democracia no se come”-, inaugura el Estadio Nacional de Lima. Cabe anotar que durante los siguientes cuatro años un gran retrato del tiranuelo fue colocado en lo más alto de la tribuna de Occidente con la frase “obra del presidente Odría”.

1969. Comienza la Revolución Peruana al mismo tiempo que las eliminatorias para México 70. Perú enfrenta a Bolivia en el Nacional. Una semana antes habíamos caído en La Paz gracias a la infame actuación del venezolano Chechelev y un absurdo autogol de Héctor Chumpitaz, a quien aún no se le llamaba el “capitán de América”. Había que levantar los corazones antes del partido. Y quizá por ello el presidente Juan Velasco Alvarado decide dar la vuelta olímpica, siendo aclamado por la multitud, según refiere Eloy Jaúregui, quien asegura haber presenciado el hecho. Aquella tarde Perú goleó y sacó medio pasaje para el mundial azteca.

1977. Eliminatorias para Argentina 78. Perú había eliminado a Ecuador endilgándole una paliza: 4-0 que pudieron ser seis o siete. Había que enfrentar a los chilenos en el Nacional para clasificar a la fase final en Cali, pero no eran poca cosa: Figueroa, Quintano, Caszely, Ahumada… Sin embargo, Perú demostró mejor condición y venció con justicia por 2-0. El general Francisco Morales Bermúdez, en evidente estado etílico, bajó a la cancha para celebrar con los jugadores, y llegó a pedir la camiseta sudorosa del back Julio Meléndez para luego ponérsela. Todos cantaron juntos el Himno Nacional. Martínez Morosini relataba la escena, conmovido.

1978. Mundial de Argentina. Perú está fuera luego de quinto partido jugado contra Polonia. Argentina, en el mismo grupo, necesita ganar al menos por cuatro goles para dejar a Brasil en el camino y jugar la final. Conocemos el resto de la historia, pero nunca sabremos si fue cierto que Videla se comunicó telefónicamente con Morales Bermúdez para plantearle un negocio: que la rojiblanca se dejara ganar a cambio de algunas toneladas de trigo. Ese Mundial no lo ganó Argentina, sino la Hermandad de Plan Cóndor. Lo que sí está probado es que Videla y Kissinger entraron al vestuario de Perú a mitad del partido para saludar a los seleccionados peruanos, hablarles de San Martín, de la fraternidad entre los pueblos y dejar por ahí alguna amenaza velada. Luego del 6-0 a Oblitas, Cubillas y demás los recibieron a pedradas en el Jorge Chávez, según anota Eduardo Galeano en  su Memoria del Fuego.

1997. Clasificatoria para el Mundial de Francia. Perú necesitaba solo un empate en Santiago; los chilenos debían ganar, y vaya que tenían con qué: Marcelo Salas e Iván Zamorano. Nosotros contábamos con Maestri Y Germán Carty. Sin embargo, la euforia de los hinchas y de los medios no estaba para detenerse en esa clase de análisis. Aprovechando la coyuntura, Alberto Fujimori, a quien el fútbol nunca atrajo demasiado, fue a la concentración para despedir a los seleccionados, arengándolos con la sonrisa torcida de siempre. Luego de la ignominiosa goleada ante los chilenos y de la victoria ante Paraguay en Lima (1-0), el mismo Fujimori invitó a Oblitas a Palacio y lo ratificó personalmente como técnico de la selección.

1999. La campaña reeleccionista calentaba motores. El Chino vuelve a sacar partido de la coyuntura y anuncia en conferencia de prensa la contratación del Pacho Maturana como técnico de la selección. Nadie mencionó que Maturana acababa de escapar de Costa Rica dejando al seleccionado ‘tico’ en una profunda crisis. Era ya un vendedor de sebo de culebra, al que nos apuramos a comprarle todo el lote disponible: “Yo tengo un sueño, y es dirigir a Perú en Japón Corea 2002”, dijo la misma tarde en que Argentina nos ganó 2-1 y Burga lo despedía, embolsándole de paso una jugosa indemnización.

2004. En un acto político fallido, Alan García decide convocar a una marcha nacional para oponerse a la firma del TLC con EE. UU. El día elegido fue el de la inauguración de la Copa América en Perú. Como lo constata la talla de su pantalón, la relación entre el ex presidente y el deporte siempre fue terrible: su marcha no solo fracasó, sino que ocasionó la famosa fotografía de la “patadita”; una vez electo, ratificó el TLC; y para más inri, se embarcó en la multimillonaria remodelación del Estadio Nacional para optar como sede de los Juegos Panamericanos, que terminaría perdiendo. Como no podía ser de otra forma, antes de irse inauguró la obra inconclusa.

2011 Eliminatorias para Brasil 2014. El presidente Ollanta Humala llega a la Videna para entrenar, frente a toda la prensa, con los Cuatro Fantásticos y el resto de la selección. “Estamos hartos de ser eliminados” afirma ante los micrófonos. Al igual que Toledo en el 2003, estuvo presente en el primer partido clasificatorio ante Paraguay. Y al igual que en ese partido, Perú arrolló. Esperemos que ahí se acaben las similitudes.

Saquemos, pues, las conclusiones pertinentes.

Los pronósticos de NMM:

Juan Carlos Méndez: 1-1.

Jerónimo Pimentel: 1-1.

José Carlos Yrigoyen: Perú gana 1-0.

Carlos Cabanillas: ¿Qué, jugamos contra Chile?